Volumen IV · Sección XXIV
Capítulo 2
Domingo, 9 de agosto de 1885
Thakur habla con franqueza: ¿Es Sri Ramakrishna un alma perfecta o un avatara?
Han dado las ocho de la noche. Thakur conversa con Mahimacharan. En la habitación están Rakhal, M. y un par de acompañantes de Mahimacharan.
Mahimacharan se quedará esta noche.
SRI RAMAKRISHNA — Dime, ¿cómo ves a Kedar? ¿Ha visto la leche o se la ha bebido?
MAHIMA — Sí, está gozando de la dicha.
SRI RAMAKRISHNA — ¿Y Nityagopal?
MAHIMA — ¡Muy bien! Está en un estado excelente.
SRI RAMAKRISHNA — Sí. Dime, ¿cómo está ahora Girish Ghosh?
MAHIMA — Está muy bien. Pero ellos pertenecen a otra categoría.
SRI RAMAKRISHNA — ¿Y Narendra?
MAHIMA — Es exactamente lo que yo era hace quince años.
SRI RAMAKRISHNA — ¿Y Naren el menor? ¿No es sencillo?
MAHIMA — Sí, muy sencillo.
SRI RAMAKRISHNA — Tienes razón. (Reflexionando) ¿Quién más hay?
«A los jóvenes que vienen aquí les basta con saber dos cosas. Entonces no tendrán que practicar mucha más disciplina espiritual. Primero, quién soy yo; y después, quiénes son ellos. Muchos de estos jóvenes pertenecen al círculo íntimo.
»Los que pertenecen al círculo íntimo no obtendrán la liberación. En el noroeste tomaré cuerpo una vez más.
»Ver a estos jóvenes me refresca el alma. Pero a los que han tenido hijos, que andan metidos en pleitos y litigios, que están enredados en lujuria y codicia... ¿cómo voy a sentir dicha al verlos? ¡Cómo voy a estar sin ver almas puras!»
Mahimacharan recita en voz alta versos de las escrituras y habla de diversas posturas yóguicas mencionadas en el Tantra, como Bhuchari, Khechari, Shambhavi y otras.
Los cinco tipos de samadhi de Thakur — La perforación de los seis centros espirituales — Los principios del yoga — Kundalini
SRI RAMAKRISHNA — Algunos dicen que, tras el samadhi, mi Atman vuela por el gran espacio como un pájaro.
«Vino un sadhu de Hrishikesh. Dijo: ‘Hay cinco tipos de samadhi, y veo que a ti te ocurren todos. Como la hormiga, como el pez, como el mono, como el pájaro y con movimiento en zigzag’.
»A veces la corriente espiritual asciende y produce un hormigueo, como el de una hormiga; a veces, en estado de samadhi, el pez del Atman juega gozoso en el océano del éxtasis.
»A veces estoy acostado de lado, y la gran corriente espiritual, como un mono, me empuja y se divierte. Yo me quedo quieto. ¡Y de pronto esa corriente, con un salto de mono, sube hasta el centro de mil pétalos! Por eso doy un brinco y me levanto de un salto.
»Otras veces, como un pájaro que va de esta rama a aquella y de aquella a esta, la gran corriente espiritual sigue ascendiendo. Se posa en una rama, y en ese lugar se siente como fuego. Quizás sube poco a poco desde el muladhara al svadhishthana, del svadhishthana al corazón, y así hasta la cabeza.
»Y a veces la gran corriente espiritual avanza en zigzag, serpenteando. Avanza así, y cuando por fin llega a la cabeza, se produce el samadhi.»
Historia previa — El primer estado de locura a los 22 o 23 años, en 1858 — La perforación de los seis centros espirituales
«Si la Kundalini no despierta, no hay despertar de la Conciencia espiritual.
»La Kundalini está en el muladhara. Cuando despierta, atraviesa el nervio espiritual sushumna y perfora los centros espirituales: svadhishthana, manipura y los demás, hasta que por fin llega al interior de la cabeza. A esto se le llama el movimiento de la gran corriente espiritual, y solo entonces, al final, se alcanza el samadhi.
»Solo con leer libros no se despierta la Conciencia espiritual; hay que llamarlo a Él. Solo con el anhelo ardiente despierta la Kundalini. ¡Escuchar y leer en los libros sobre el conocimiento! ¡De qué sirve eso!
»Justo antes de que me ocurriera esto, me mostraron cómo, al despertar el poder de la Kundalini, todos los lotos se iban abriendo uno tras otro y se producía el samadhi. Este es un secreto muy profundo. Vi a un joven de veintidós o veintitrés años, exactamente como yo, que recorría el nervio sushumna y se unía íntimamente a los lotos en forma de órgano sexual femenino. Primero el recto, el órgano reproductor, el ombligo. Los lotos de cuatro, seis y diez pétalos, que estaban mirando hacia abajo, se volvieron hacia arriba.
»Cuando llegó al corazón —lo recuerdo muy bien—, tras unirse a él con la lengua, el loto de doce pétalos que miraba hacia abajo se volvió hacia arriba y floreció. Luego, en la garganta, el de dieciséis pétalos, y en la frente, el de dos. ¡Por fin floreció el loto de mil pétalos! Desde entonces estoy en este estado.»