Volumen III · Sección VI
Capítulo 1
9 de septiembre de 1883
En el templo de Dakshineswar con Ratan y otros devotos
El único pensamiento y el único tema de Sri Ramakrishna: Dios — «¡Esa astucia sí que es astucia!»
Sri Ramakrishna está sentado en el camastro pequeño de aquella habitación ya conocida del templo de Kali, con el rostro sonriente. Conversa con los devotos. Ya ha comido. Deben de ser la una o las dos de la tarde.
Hoy es domingo, 9 de septiembre de 1883, séptimo día de la quincena luminosa del mes de Bhadra. Rakhal, M. y Ratan están sentados en el suelo. De vez en cuando, Ramlal, Ram Chatterjee y Hazra entran a la habitación, se sientan un rato y luego se retiran. Ratan está a cargo de la finca con jardín de Yadu Mallik. Es devoto de Thakur y de vez en cuando viene a recibir su darshana. Thakur está conversando con él. Ratan comenta que habrá una representación teatral de Nilkantha en la casa de Yadu Mallik en Calcuta.
Ratan — Usted tiene que ir. Le han mandado avisar qué día será la representación teatral.
Sri Ramakrishna — Muy bien, tengo ganas de ir. ¡Ah, con cuánta devoción canta Nilkantha!
Un devoto — Así es, señor.
Sri Ramakrishna — Mientras canta, se baña en lágrimas. (A Ratan) Estoy pensando en quedarme allí a pasar la noche.
Ratan — Eso estaría muy bien.
Ram Chatterjee y otros devotos preguntan por el robo de las sandalias.
Ratan — Han robado las sandalias de oro de la deidad de la casa de Yadu babu. Por eso hay un gran alboroto en la casa. Van a usar un plato encantado para descubrir al ladrón. Todos se sentarán y el plato se moverá hacia quien las tomó.
Sri Ramakrishna (sonriendo) — ¿Cómo se mueve el plato? ¿Se mueve solo?
Ratan — No, alguien lo mantiene presionado con la mano.
Un devoto — Es una especie de juego de manos, un truco.
Sri Ramakrishna — Solo la astucia con la que se alcanza a Bhagavan es verdadera astucia. «¡Esa astucia sí que es astucia!»