Kathamrita

Volumen III, sección IV, capítulo 1III · IV · Cap. 1

Tamaño 100%

Interlineado 1,60

Volumen III · Sección IV

Capítulo 1

Sábado, 21 de julio de 1883


Thakur Sri Ramakrishna en las calles principales de Calcuta en compañía de devotos

Sri Ramakrishna se dirige hacia Calcuta en carruaje, tras salir del templo de Kali de Dakshineswar. Lo acompañan Ramlal y un par de devotos. Al salir por la puerta, vio a M., que viene a pie con cuatro mangos fazli en la mano. Al verlo, mandó detener el carruaje. M. apoyó la cabeza en el carruaje y le hizo una reverencia.

Sábado, 21 de julio de 1883 (6 de Shravan), primer día de la quincena oscura de Ashadh, a las cuatro de la tarde. Thakur irá a casa de Adhar, luego a la del señor Yadu Mallik y, por último, a la del difunto Khelat Ghosh.

SRI RAMAKRISHNA (a M., sonriendo) — Ven tú también, vamos a casa de Adhar.

M. dijo «Como usted mande» y subió al carruaje.

M. ha estudiado inglés y por eso antes no creía en los samskaras, pero hacía unos días le había confesado a Thakur que Adhar tenía samskaras y que por eso le tenía tanta devoción. Al volver a casa, reflexionó y se dio cuenta de que aún no tenía plena fe en esas tendencias heredadas de vidas pasadas. Por eso ha venido hoy a ver a Thakur, para hablarle de ese asunto. Thakur habla.

SRI RAMAKRISHNA — Dime, ¿qué te parece Adhar?

M. — Señor, tiene un amor muy ardiente.

SRI RAMAKRISHNA — Adhar también te alaba mucho.

M. guarda silencio un momento; luego saca el tema de las vidas pasadas.

Nada se puede comprender: palabras muy secretas

M. — No tengo mucha fe en eso de las «vidas pasadas» y los «samskaras»; ¿acaso eso perjudicará mi devoción?

SRI RAMAKRISHNA — Basta con tener fe en que en Su creación todo es posible. No dejes que te venga el pensamiento de que «lo que yo pienso es la verdad y la opinión de los demás es falsa». Después, Él mismo te lo hará entender.

«¿Cómo va a entender el hombre Sus designios? ¡Designios infinitos! Por eso ni siquiera intento entender esas cosas. He oído decir que en Su creación todo es posible. Así que, en vez de pensar en eso, solo pienso en Él. Le preguntaron a Hanuman qué día lunar era, y Hanuman respondió: “No sé de días lunares ni de la posición de las estrellas, solo pienso en Rama”.

»¡Cómo se van a entender Sus designios! Está cerca y, sin embargo, no hay manera de entenderlo; Balarama no sabía que Krishna era el Señor».

M. — ¡Sí, señor! Como cuando usted habló de Bhishmadeva.

SRI RAMAKRISHNA — Sí, sí, a ver, dime qué fue lo que dije.

M. — Bhishmadeva lloraba en su lecho de flechas, y los Pandavas le dijeron a Sri Krishna: «Hermano, ¡qué extraño! El abuelo es tan sabio, ¡y sin embargo llora pensando en la muerte!». Sri Krishna dijo: «¿Por qué no le preguntan por qué llora?». Bhishmadeva respondió: «Lloro porque no he podido entender nada de las obras de Dios. Oh Krishna, tú vas siempre con estos Pandavas, los proteges a cada paso, y aun así sus peligros no tienen fin».

SRI RAMAKRISHNA — Con Su maya lo ha cubierto todo, no deja que se sepa nada. Lujuria y codicia1 son maya. Solo quien aparta esta maya puede verlo. Mientras le explicaba algo a alguien, Dios me mostró algo asombroso: de repente vi ante mí un estanque de mi aldea, Kamarpukur, y a un hombre que apartó el verdín flotante y bebió agua. El agua era como el cristal. Me mostró que ese Satchidananda está cubierto por el verdín de la maya; solo quien lo aparta y bebe el agua lo obtiene.

«Escucha, te digo algo muy secreto. Mientras hacía mis necesidades por el Jhautala, vi delante de mí algo parecido a la puerta de una cámara secreta; no podía ver qué había dentro. Empecé a hacer un agujero con una cuchilla de uñas, pero no pude. Hacía el agujero, ¡pero se volvía a tapar! ¡Hasta que una vez se abrió un agujero así de grande!».

Thakur Sri Ramakrishna dijo esto y guardó silencio. Ahora vuelve a hablar: «Estas son cosas muy elevadas... ¡mira, parece que alguien me está apretando la boca!

»¡Vi con mis propios ojos cómo Él mora en el órgano sexual femenino! Lo vi durante el apareamiento de un perro y una perra.

»Por Su conciencia, el mundo tiene conciencia. A veces veo que esa conciencia bulle dentro de los pececitos».

El carruaje llegó al cruce de Shobhabazar, cerca de Darmahata. Entonces Thakur vuelve a hablar:

«A veces veo que, igual que la tierra se empapa en la estación de las lluvias, el mundo está empapado en esta conciencia.

»Pero aunque veo todo esto, no siento ningún orgullo».

M. (sonriendo) — ¡Usted con orgullo!

SRI RAMAKRISHNA — Te juro que si tengo aunque sea un poquito de orgullo...

M. — En Grecia había un hombre llamado Sócrates. Un oráculo divino dijo que él era el más sabio de todos los hombres. El hombre se quedó asombrado. Entonces, tras reflexionar largo rato en soledad, lo comprendió. Y les dijo a sus amigos: «Solo yo he comprendido que no sé nada. En cambio, todos los demás dicen: “Sabemos mucho”. Pero, en realidad, todos son ignorantes».

SRI RAMAKRISHNA — A veces pienso: ¿qué sé yo para que venga tanta gente? Vaishnavcharan era un gran pandit. Él decía: «Todo lo que dices se encuentra en las escrituras. Pero ¿sabes por qué vengo a ti? Vengo a oírlo de tus labios».

M. — Todo lo que dice concuerda con las escrituras. Nabadwip Goswami también decía lo mismo el otro día en Peneti. Usted dijo que, a fuerza de repetir «Gita, Gita», se acaba diciendo «tyagi, tyagi». En realidad, se acaba diciendo «tagi», pero Nabadwip Goswami dijo que «tagi» y «tyagi» significan lo mismo, que hay una raíz «tag» de la que viene «tagi».

SRI RAMAKRISHNA — ¿Acaso me parezco a alguien más? ¿A algún pandit o sadhu?

M. — A usted Dios mismo lo ha moldeado con Sus propias manos. A los demás los ha hecho con una máquina, tal como se crea todo según las leyes.

SRI RAMAKRISHNA (riendo, a Ramlal y los demás) — ¡Oigan, pero qué cosas dice!

Thakur no deja de reír. Por fin dice: «Te juro que si tengo aunque sea un poquito de orgullo...».

M. — La educación tiene una ventaja: hace que uno sienta que no sabe nada y que no es nada.

SRI RAMAKRISHNA — Exacto, exacto. ¡No soy nada! ¡No soy nada! Dime, ¿tú crees en la astronomía inglesa?

M. — Según sus métodos se pueden hacer nuevos descubrimientos; al observar el movimiento errático del planeta Urano, buscaron con el telescopio y descubrieron un nuevo planeta, Neptuno, que brilla con fuerza. Y también pueden calcular los eclipses.

SRI RAMAKRISHNA — Eso sí que es cierto.

El carruaje sigue avanzando y ya está cerca de la casa de Adhar. Thakur le dice a M.:

«Mantente en la verdad, y así alcanzarás a Dios».

M. — Otra cosa que usted le dijo a Nabadwip Goswami: «Oh Dios, yo Te quiero a Ti. ¡Cuida de no fascinarme con las riquezas de Tu maya que hechiza al mundo! Yo Te quiero a Ti».

SRI RAMAKRISHNA — Sí, eso hay que decirlo con todo el corazón.

Notas


  1. Aquí «lujuria y codicia» traduce la expresión bengalí «কামিনী-কাঞ্চন» (kamini-kanchan), literalmente «mujer y oro»: la fórmula recurrente con que Sri Ramakrishna señalaba los dos grandes obstáculos para la vida espiritual (el apego sensual y el apego al dinero o las posesiones). El propio Ramakrishna ajustaba el ejemplo según su audiencia: a los hombres les hablaba de «mujer y oro», y a las mujeres de «hombre y oro», dejando claro que no se trataba de un juicio sobre un género en particular, sino de una misma enseñanza sobre el apego.↩︎