Kathamrita

Volumen III, sección XVII, capítulo 3III · XVII · Cap. 3

Tamaño 100%

Interlineado 1,60

Volumen III · Sección XVII

Capítulo 3

Sábado, 13 de junio de 1885


El «yo» maduro, o el «yo» del siervo

El Capitán ha llegado acompañado de los muchachos.

Thakur le dijo a Kishori: «Llévalos a conocer el recinto del templo».

Thakur conversa con el Capitán.

M., Dwija y otros devotos están sentados en el suelo. El maestro de Damdama también ha llegado. Sri Ramakrishna está sentado en el pequeño catre, mirando hacia el norte. Le dijo al Capitán que se sentara a un lado del mismo catre, frente a él.

SRI RAMAKRISHNA — Les estaba hablando de ti... ¡cuánta devoción, cuánta adoración, cuántas clases de arati!

EL CAPITÁN (con timidez) — ¿Qué adoración y qué arati voy a ofrecer yo? ¿Qué soy yo?

SRI RAMAKRISHNA — El «yo» que está apegado a la lujuria y la codicia, ese «yo» es el que tiene la culpa. En el «yo soy el servidor de Dios» no hay nada malo. Y el «yo» del niño... el niño no está dominado por ningún guna. Ahora mismo se está peleando, ¡y al momento siguiente ya se ha reconciliado! ¡Con cuánto cuidado acaba de hacer esta casita de juguete, y al instante la destruye! En el «yo» del servidor, en el «yo» del niño, no hay nada malo. Este «yo» no se cuenta entre los «yoes» ordinarios, igual que el azúcar cande no se cuenta entre los dulces comunes. Los otros dulces te enferman, pero el azúcar cande más bien cura la acidez. Es también como el sonido Omkara, que no se cuenta entre los sonidos ordinarios.

»Con este ego se puede amar a Satchidananda. El ego no se va a ir... por eso el “yo soy el servidor”, el “yo del devoto”. Si no, ¿con qué se queda el hombre? ¡Qué amor el de las gopis! (Al Capitán) Di algo sobre las gopis. Tú que lees tanto el Bhagavata.

EL CAPITÁN — Cuando Sri Krishna estaba en Vrindavan, sin ninguna opulencia, aun así las gopis lo amaban más que a su propia vida. Por eso Krishna dijo: «¿Cómo podré saldar mi deuda con ellas, con esas gopis que me lo han entregado todo: cuerpo, mente y corazón?».

Sri Ramakrishna se va sumiendo en el éxtasis. Mientras repite «Govinda», «Govinda», «Govinda», entra en trance, casi inconsciente del mundo exterior. El Capitán dice con asombro: «¡Bendito!», «¡Bendito!».

El Capitán y los devotos reunidos contemplan este asombroso estado de amor divino de Thakur. Hasta que recobra la conciencia normal, permanecen callados, mirándolo fijamente.

SRI RAMAKRISHNA — ¿Y luego?

EL CAPITÁN — Él es inaccesible para los yogis... yogibhiragamyam... inaccesible para yogis como usted; pero accesible para las gopis. Aquel a quien los yogis no han podido alcanzar tras años de comunión con Dios, las gopis lo han alcanzado sin esfuerzo.

SRI RAMAKRISHNA (sonriendo) — Con las gopis ha comido, ha jugado, ha llorado, ha tenido caprichos... todo eso ha pasado.

El señor Bankim y el Krishna-charita: la doctrina de la encarnación divina

Un devoto dijo:

UN DEVOTO — El señor Bankim ha escrito una biografía de Krishna.

SRI RAMAKRISHNA — Bankim acepta a Sri Krishna, pero no acepta a Radha.

EL CAPITÁN — ¿Quizás no acepta el juego divino?

SRI RAMAKRISHNA — Y además dice que la lujuria y demás... que todo eso es necesario.

EL MAESTRO DE DAMDAMA — En el Nabajibana, Bankim ha escrito que el propósito de la religión es que se manifiesten todas las facultades: físicas, mentales, espirituales, etcétera.

EL CAPITÁN — «La lujuria y demás son necesarias», pero no acepta el juego divino. Dios se hizo hombre y vino a Vrindavan, el juego divino de Radha y Krishna, ¿eso no lo acepta?

La encarnación del Brahman pleno: la diferencia entre la mera erudición y la realización

SRI RAMAKRISHNA (sonriendo) — ¡Cómo se va a aceptar algo que no sale en los periódicos!

»Un hombre fue a decirle a su amigo: “¡Oye! Ayer pasaba por aquel barrio y vi cómo aquella casa se derrumbaba con un estruendo”. El amigo le dijo: “Espera un momento, déjame mirar el periódico”. Resulta que en el periódico no había ni una palabra sobre el derrumbe de la casa. Entonces el amigo dijo: “Mira, en el periódico no hay nada. Eso no es cosa seria”. El primer hombre dijo: “Pero si yo lo he visto con mis propios ojos”. Y el otro respondió: “No importa, como no está en el periódico, no me lo creo”. ¿Cómo van a creer que Dios se hace hombre y juega su juego divino? ¡Eso no está en lo que han estudiado en inglés! Es muy difícil explicar la encarnación plena de Dios, ¿no crees? ¡Que lo Infinito quepa en catorce poas!

EL CAPITÁN — Al decir Krishna Bhagavan svayam, «Krishna es Dios mismo», hay que hablar de lo pleno y lo parcial.

SRI RAMAKRISHNA — Lo pleno y lo parcial... como el fuego y sus chispas. La encarnación divina es para el devoto, no para el sabio. En el Adhyatma Ramayana se dice: «¡Oh Rama! Tú eres lo abarcado y Tú eres lo que abarca».

Vachyavachakabhedena tvameva Parameshvara.

«Tú mismo eres el Señor Supremo, bajo la distinción entre lo designado y lo que lo designa».

EL CAPITÁN — Lo designado y lo que lo designa, es decir, lo abarcado y lo que abarca.

SRI RAMAKRISHNA — «Lo que abarca» significa, por ejemplo, una forma pequeña, como cuando Dios ha tomado forma humana al encarnarse.