Volumen I · Sección VIII
Capítulo 3
Lunes, 26 de noviembre de 1883
Las disciplinas espirituales en soledad de Vijaykrishna Goswami
Vijay Goswami acaba de regresar de Gaya. Allí había pasado mucho tiempo en soledad y en compañía de sadhus. Ahora se ha puesto el hábito ocre. Se encuentra en un estado hermosísimo, como si estuviera siempre vuelto hacia su interior. Permanece ante Paramahamsadeva con la cabeza inclinada, como absorto en algún pensamiento.
Mirando a Vijay, Paramahamsadeva le dijo:
SRI RAMAKRISHNA —¡Vijay! ¿Has encontrado ya un lugar donde quedarte?
»Mira, dos sadhus que andaban de viaje llegaron a una ciudad. Uno de ellos iba con la boca abierta, mirando el mercado, las tiendas y las casas de la ciudad. En esto se encontró con el otro. Entonces el otro sadhu le dijo: “Tú vas mirando la ciudad con la boca abierta... ¿Dónde está tu equipaje?”. El primer sadhu respondió: “Yo primero busqué un alojamiento, dejé allí mis bártulos, cerré el cuarto con llave y salí tranquilo. Ahora ando por la ciudad mirando los colores”. Por eso te pregunto: ¿has encontrado ya un lugar donde quedarte? (A M. y a los demás) Miren, la fuente de Vijay estuvo tapada hasta ahora; esta vez se ha destapado.
Vijay y Shivanath — La obra desinteresada — La renuncia al deseo del sannyasi
SRI RAMAKRISHNA (a Vijay) —Mira, Shivanath tiene muchísimos líos. Tiene que escribir para el periódico y encargarse de muchas tareas. Cuando uno se mete en asuntos del mundo, llega la inquietud y se juntan muchas preocupaciones y cavilaciones.
»En el Srimad Bhagavata se cuenta que el avadhuta tuvo a un milano entre sus veinticuatro gurus. En cierto lugar, unos pescadores estaban pescando, y un milano bajó en picada y arrebató un pez. Pero, al ver el pez, cerca de mil cuervos salieron en persecución del milano, armando un gran alboroto con su “¡cra, cra!”. Adonde iba el milano con el pez, allí iban los cuervos tras él. Si el milano iba al sur, los cuervos iban al sur; cuando iba al norte, ellos también iban al norte. Así, el milano daba vueltas hacia el este y hacia el oeste. Al fin, de tanto dar vueltas, agitado y apurado, se le cayó el pez. Entonces los cuervos dejaron al milano y se lanzaron tras el pez. Y el milano, ya sin preocupación, fue a posarse en la rama de un árbol. Posado allí, se puso a pensar: “Era ese pez el que causaba todo el alboroto. Ahora que ya no tengo el pez, estoy tranquilo”.
»Del milano, el avadhuta aprendió esta enseñanza: mientras se lleva el pez consigo, es decir, mientras hay deseo, hay acción; y por la acción vienen las cavilaciones, las preocupaciones y la inquietud. Cuando se abandona el deseo, la acción se extingue y llega la paz.
»Ahora bien, la obra desinteresada es buena. Con ella no hay inquietud. Sin embargo, actuar desinteresadamente es muy difícil. Uno cree que está haciendo una obra desinteresada, pero el deseo se cuela sin que uno sepa de dónde ni se dé cuenta. Si antes se ha hecho mucha práctica espiritual, la fuerza de esa práctica les permite a algunos actuar desinteresadamente. Después de ver a Dios, la obra desinteresada se hace sin esfuerzo. Después de ver a Dios, casi siempre se abandona la acción; solo uno o dos, como Narada, actúan para enseñar a la gente.
El sannyasi no debe acumular — Con el amor a Dios se abandona la acción
»Otro guru del avadhuta fue la abeja. La abeja junta miel con mucho trabajo durante mucho tiempo. Pero esa miel no la disfruta ella. Viene otro, rompe el panal y se lleva la miel. De la abeja, el avadhuta aprendió esto: que no se debe acumular. Los sadhus deben confiar por completo en Dios. No deben acumular.
»Esto no es para el hombre de familia. El hombre de familia tiene que mantener a su familia. Por eso necesita acumular. Los pájaros y los sadhus no acumulan. Pero cuando el pájaro tiene polluelos, sí acumula: trae comida en el pico para los polluelos.
»Mira, Vijay, si un sadhu lleva consigo fardos y bultos, si lleva un hatillo de ropa con quince nudos, no te fíes de él. Yo vi sadhus así bajo un baniano. Había dos o tres sentados; uno escogía lentejas, otros remendaban el dhoti, y hablaban de los banquetes en las casas de los ricos. Decían: “¡Eh, ese señor gastó cientos de miles de rupias y les dio muchísimo de comer a los sadhus: puri, jilipi, peda, barfi, malpua! ¡Preparó muchísimas cosas!”. (Risas de todos).
VIJAY —Sí, también en Gaya vi sadhus así. En Gaya, los sadhus estafan. (Risas de todos).
SRI RAMAKRISHNA (a Vijay) —Cuando llega el amor por Dios, la acción se abandona por sí sola. Aquellos a quienes Dios hace actuar, que actúen. Para ti ya ha llegado la hora. Déjalo todo y di: «Mente, mira tú y miro yo, y que nadie más la vea».
Diciendo esto, el Señor Sri Ramakrishna cantó, derramando dulzura con su incomparable voz:
Guarda con cuidado en tu corazón a la querida Madre Shyama.
Mente, mira tú y miro yo, y que nadie más la vea.
Engañando a la lujuria y a los demás, ven, mente, miremos en soledad;
mantengamos con nosotros a la lengua, que ella llame «Madre».
(De vez en cuando, que llame «Madre»).
A las malas inclinaciones y a los malos consejeros, no los dejes acercarse;
pon como centinela al ojo del conocimiento, que esté bien alerta.
(Que esté muy alerta).
Vergüenza — Aversión — Miedo
SRI RAMAKRISHNA (a Vijay) —Ahora que te has refugiado en Dios, abandona la vergüenza y el miedo, todo eso. Abandona esas ideas como «si bailo cantando el nombre de Hari, ¿qué dirá la gente de mí?».
»Mientras haya vergüenza, aversión y miedo, no se logra nada. La vergüenza, la aversión, el miedo, el orgullo de casta, el deseo oculto: todo esto son lazos. Cuando todo esto desaparece, el alma encarnada se libera.
»Quien está atado por los lazos es un jiva; quien está libre de ellos es Shiva. El amor a Dios es algo muy difícil de conseguir. Primero, si se tiene hacia Dios la misma devoción inquebrantable que una esposa tiene hacia su esposo, entonces surge la devoción. Alcanzar la devoción pura es muy difícil. En la devoción, la vida y la mente se funden en Dios.
»Luego viene el bhava. En el bhava, el hombre queda sin palabras. El aliento se aquieta. La retención del aliento ocurre por sí sola. Es como cuando se dispara una bala con un fusil: el que dispara queda sin palabras y su aliento se detiene.
»Llegar al amor divino es algo que está muy lejos. Chaitanyadeva alcanzó ese amor. Cuando surge el amor por Dios, se olvidan las cosas de fuera. Se olvida el universo. Incluso el propio cuerpo, que es algo tan querido, también se olvida.
Diciendo esto, Paramahamsadeva vuelve a cantar:
¿Cuándo llegará aquel día?
Al decir «Hari», brotarán torrentes de lágrimas (¿cuándo llegará aquel día?)
Se irá el deseo del mundo (¿cuándo llegará aquel día?)
El vello del cuerpo se erizará (¿cuándo llegará aquel día?).