Kathamrita

Volumen I, sección VIII, capítulo 1I · VIII · Cap. 1

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Volumen I · Sección VIII

Capítulo 1

Lunes, 26 de noviembre de 1883


Sri Ramakrishna llega al Brahmo Samaj de Sinduriapati y conversa con Sri Vijaykrishna Goswami y otros

Es el undécimo día de la quincena oscura del mes de Kartik. 26 de noviembre de 1883 (lunes). En la casa de Sri Manilal Mallik se celebra la sesión del Brahmo Samaj de Sinduriapati. La casa está en Chitpur Road, del lado oriental, unos cuantos edificios al norte del cruce con Harrison Road, donde están las tiendas de granadas, pistachos, manzanas y otras frutas. La sesión del Samaj se celebra en el salón de la planta alta que da a la calle principal. Hoy es la sesión anual del Samaj, y por eso Manilal ha organizado una gran fiesta.

La sala de culto está hoy llena de dicha, adornada por dentro y por fuera con follaje verde, flores de muchas clases y guirnaldas. Dentro del salón, los devotos han tomado asiento y esperan a que comience la adoración. No ha habido lugar para todos: muchos pasean por la azotea del lado oeste o se han sentado en los hermosos asientos de madera de distintas clases dispuestos allí. De vez en cuando, el dueño de la casa y sus parientes se acercan a los devotos invitados y los agasajan con palabras amables. Los devotos brahmos han empezado a llegar desde antes del anochecer. Hoy los anima un entusiasmo especial: hoy vendrá Sri Ramakrishna Paramahamsadeva. Paramahamsadeva quiere mucho a los devotos —Keshab, Vijay, Shivanath y otros— que son líderes del Brahmo Samaj, y por eso es tan querido por los devotos brahmos. Está ebrio de amor por Dios. Su amor, su fe ardiente, su manera de conversar con Dios como un niño, su llanto anhelante por Dios, su adoración de las mujeres al ver en ellas a la Madre, su renuncia a la charla mundana y su incesante conversación sobre Dios, continua como un flujo de aceite, la armonía que encuentra entre todas las religiones y la ausencia de la más mínima sombra de aversión hacia las demás religiones, su llanto por los devotos de Dios: todas estas cosas han cautivado el corazón de los devotos brahmos. Por eso hoy muchos han venido desde muy lejos para tener su darshan.

Shivanath y la verdad — Thakur en el «templo del samadhi»

Antes de la adoración, Sri Ramakrishna conversa con Sri Vijaykrishna Goswami y con otros devotos brahmos, con el rostro sonriente. Ya se han encendido las luces del salón del Samaj; dentro de poco comenzará la adoración.

SRI RAMAKRISHNA — Dime, ¿no vendrá Shivanath?

DEVOTO BRAHMO — No, hoy tiene mucho que hacer; no podrá venir.

SRI RAMAKRISHNA — Cuando veo a Shivanath me da alegría; es como si estuviera sumergido en la dicha del amor a Dios. Y en alguien a quien tantos respetan y honran, sin duda hay algo del poder de Dios. Pero Shivanath tiene un defecto grave: no cumple su palabra. Me dijo una vez que iría allá, al templo de Kali en Dakshineswar, pero no fue ni mandó noticia alguna. Eso no está bien. Hay un dicho: decir la verdad es la austeridad del Kali Yuga. Si uno se aferra firmemente a la verdad, alcanza a Dios. Si no se mantiene firme en la verdad, poco a poco todo se echa a perder. Yo, pensando en esto, si alguna vez llego a decir que voy a hacer mis necesidades, aunque luego no sienta necesidad, voy de todos modos hasta Jhautala con la jarra. Mi temor es este: perder la firmeza en la verdad. Después de alcanzar este estado, con flores en la mano, le dije a la Madre: «¡Madre! Aquí tienes tu conocimiento, aquí tienes tu ignorancia; dame amor puro, Madre. Aquí tienes tu pureza, aquí tienes tu impureza; dame amor puro, Madre. Aquí tienes tu bien, aquí tienes tu mal; dame amor puro, Madre. Aquí tienes tu mérito, aquí tienes tu pecado; dame amor puro». Cuando dije todo esto, no pude decir: «¡Madre! Aquí tienes tu verdad, aquí tienes tu falsedad». Pude dárselo todo a la Madre, pero la «verdad» no pude dársela a la Madre.

La adoración comenzó según el rito del Brahmo Samaj. El predicador estaba en el estrado y tenía delante una lámpara. Después de la invocación, empezó a recitar el gran versículo védico dirigido al Brahman Supremo. Los devotos brahmos, a una sola voz, comenzaron a cantar aquel Nombre emanado de los sagrados labios de los antiguos rishis arios y pronunciado por sus santas lenguas. Comenzaron a decir:

Satyam jnanam anantam Brahma, anandarupam amritam yad vibhati, shantam shivam advaitam, shuddham apapaviddham.

Brahman es Verdad, Conocimiento e Infinito; resplandece como Dicha e Inmortalidad. Es Paz, Bondad absoluta, Uno sin segundo; es puro y no tocado por el pecado.

Este sonido, unido al Om, resonó en el cielo del corazón de los devotos. En el interior de muchos, el deseo quedó casi extinguido. La mente comenzó a aquietarse y a inclinarse cada vez más a la meditación. ¡Todos tenían los ojos cerrados! Por un instante comenzaron a contemplar al Brahman con atributos de los Vedas.

Paramahamsadeva está sumergido en el éxtasis. Inmóvil, con la mirada fija, sin hablar, permanece sentado como una figura pintada. El pájaro del alma vaga lleno de dicha en algún lugar, y solo el cuerpo ha quedado tendido en el templo vacío.

Inmediatamente después del samadhi, abrió los ojos y miró a su alrededor. Vio que todos los presentes tenían los ojos cerrados. Entonces, diciendo «¡Brahman! ¡Brahman!», se puso de pie de repente. Terminada la adoración, los devotos brahmos entonaban cantos colectivos con acompañamiento de tambor y címbalos. Sri Ramakrishna, embriagado de dicha amorosa, se unió a ellos y se puso a danzar. Todos contemplaban cautivados esa danza. Vijay y los demás devotos también danzaban dando vueltas a su alrededor. Muchos, al ver esa escena maravillosa y gozar de la dicha del canto colectivo, olvidaron por completo el mundo; por un instante bebieron el vino del amor de Dios y olvidaron la dicha de los objetos mundanos. El sabor del placer mundano comenzó a parecerles amargo.

Terminado el canto devocional, todos tomaron asiento. Para oír lo que iba a decir Thakur, todos se sentaron a su alrededor.