Volumen I · Sección VII
Capítulo 6
Domingo, 19 de agosto de 1883
El canto del nombre de Hari al caer la tarde — Cuántas cualidades tiene Narendra
Poco después, al ver que se acercaba el atardecer, la mayoría de la gente se marchó a sus casas. Narendra también se despidió.
La tarde va cayendo. Ya se acerca el crepúsculo. El encargado de las luces1 del templo prepara la iluminación por todas partes. Los dos sacerdotes, el de la casa de Kali y el de la casa de Vishnu, sumergidos hasta la cintura en el Ganges, se purifican por fuera y por dentro; pronto deben ir a celebrar el arati y a presentar a las deidades la ofrenda ligera de la noche. Jóvenes del pueblo de Dakshineswar, algunos con un bastón en la mano, otros en compañía de sus amigos, han venido a pasear por el jardín. Caminan sobre el muro de contención y, mientras respiran la brisa pura de la tarde, cargada de perfume de flores, contemplan la rápida corriente del Ganges en el mes de Shravan, rizada por leves ondas. Entre ellos, quizá alguno más pensativo pasea por la zona solitaria del Panchavati. El divino Sri Ramakrishna también contempla un rato el Ganges desde la galería del oeste.
Cayó la tarde. El encargado de las luces fue encendiéndolas todas y se retiró. La criada entró en la habitación de Paramahamsadeva, encendió la lámpara y quemó incienso. Entretanto, en los doce templos comenzó el arati de Shiva, y enseguida el de la casa de Vishnu y el de la casa de Kali. Los platillos, el gong y las campanas comenzaron a resonar dulces y solemnes —dulces y solemnes, pues junto al templo corría el Ganges con su rumoroso murmullo—.
Era el primer día de la quincena oscura de Shravan; poco después salió la luna. El gran patio y las copas de los árboles del jardín quedaron bañados por los rayos de la luna. Y las aguas del Ganges, tocadas por la luz de la luna, fluían llenas de alegría.
Apenas pasado el crepúsculo, Sri Ramakrishna, tras hacer una reverencia a la Madre del Universo, canta «Haribol» dando palmadas. En la habitación hay muchos cuadros de las deidades: el cuadro de Dhruva y Prahlada, el del rey Rama, el de la Madre Kali, el de Radha y Krishna. Él se postra ante todas las deidades, dirigiéndose a ellas y pronunciando sus nombres. Y dice además: «Brahman-Atman-Bhagavan; Bhagavata-bhakta-Bhagavan; Brahman-Shakti, Shakti-Brahman; Veda-Purana-Tantra; Gita-Gayatri. En ti me refugio, en ti me refugio; no yo, no yo; Tú, Tú; yo soy el instrumento, Tú eres quien lo maneja», y así sucesivamente.
Después de pronunciar los nombres, Sri Ramakrishna, con las manos juntas, medita en la Madre del Universo. Unos cuantos devotos que, al caer la tarde, paseaban por el jardín, a orillas del Ganges, van llegando poco a poco a la habitación de Paramahamsadeva y reuniéndose allí, un rato después del arati de las deidades. Paramahamsadeva está sentado en el catre. M., Adhar, Kishori y otros están sentados en el suelo, frente a él.
Sri Ramakrishna (a los devotos) — Narendra, Bhavanath, Rakhal: todos ellos son almas eternamente perfectas, ishvarakotis2. Para ellos, la enseñanza es solo un extra. Miren, a Narendra no le importa nadie. Venía conmigo en el coche del Capitán; el Capitán le dijo que se sentara en un lugar mejor, y ni siquiera lo miró. ¡Ni de mí depende! Y lo que sabe tampoco lo dice, no vaya a ser que yo ande contando por ahí que Narendra es tan erudito. No tiene ilusión ni apego. ¡Es como si no tuviera ninguna atadura! Es un recipiente excelente. ¡Tiene muchas cualidades en un solo recipiente: canta, toca, lee, escribe! Y, por otro lado, ha conquistado los sentidos; ha dicho que no se casará. Hay una gran afinidad entre Narendra y Bhavanath, como si fueran marido y mujer. Narendra no viene mucho. Eso está bien. Cuando viene muy seguido, me abruma.