Volumen I · Sección IV
Capítulo 6
Jueves, 14 de diciembre de 1882
ahaṅkāravimūḍhātmā kartāham iti manyate
El alma confundida por el ego piensa: «Yo soy el hacedor».
[Bhagavad Gita — 3.27]
La liberación, o la realización de Dios, llega cuando se va maya, el velo del ego
VIJAY — ¡Señor! ¿Por qué estamos atados de este modo? ¿Por qué no podemos ver a Dios?
SRI RAMAKRISHNA — El ego del hombre es la maya. Este ego lo tiene todo cubierto. «Cuando muera el “yo”, se acabará el embrollo». Si por la gracia de Dios uno se da cuenta de que «yo no soy el hacedor», ya es un jivanmukta1. Ya no tiene nada que temer.
«Esta maya, o ego, es como una nube. Basta una nubecilla para que no se pueda ver el sol; en cuanto la nube se aparta, el sol se ve. Si por la gracia del guru desaparece el sentido del «yo», entonces se tiene la visión de Dios.
»A dos codos y medio de distancia estaba Sri Ramachandra, que es Dios en persona. Pero como entre ambos se interponía la maya en forma de Sita, Lakshmana, que representa al alma individual, no podía ver a Dios. Mira, pongo esta toalla delante de mi cara y ya no me ves. Y eso que estoy tan cerca. Así también Dios está más cerca que nadie, pero por este velo de la maya no puedes verlo.
»El ser encarnado es en esencia Satchidananda. Pero por esta maya, o ego, ha quedado revestido de toda clase de atributos irreales2 y ha olvidado su verdadera naturaleza.
»Con cada atributo irreal cambia el carácter de una persona. Si alguien se pone un dhoti de borde negro, enseguida verás cómo le brotan de la garganta las canciones de amor de Nidhu; y también le da por jugar a los naipes y salir de paseo con el bastón en la mano. Hasta un hombre enclenque, si se calza unas botas, empieza enseguida a silbar y, al subir la escalera, lo hace a saltos como los ingleses. Y si un hombre tiene una pluma en la mano, tal es la virtud de la pluma que, en cuanto encuentra un papel o lo que sea, se pone a garabatear sobre él.
»El dinero también es un upadhi muy notable. En cuanto un hombre tiene dinero, se vuelve completamente distinto, deja de ser el mismo hombre».
»Venía por aquí un brahmín que en apariencia era muy humilde. Pasado un tiempo fuimos a Konnagar. Hriday iba conmigo. Apenas estaba bajando de la barca cuando vi a aquel brahmín sentado a la orilla del Ganges. Creo que estaba tomando el fresco. Al vernos dijo: «Y bien, ¿cómo estás, Thakur?». Al oír su tono, le dije a Hriday: «¡Hriday! Este hombre ha recibido dinero, por eso habla así». Hriday se echó a reír.
»Una rana tenía una rupia. La guardaba en su agujero. Un elefante pasó por encima del agujero. Entonces la rana salió, muy enfadada, y se puso a amenazarlo con patadas. Y le dijo: «¡Cómo te atreves a pasar por encima de mí!». ¡Tanto orgullo da el dinero!».
Los siete planos — Cuándo se va el ego — El estado del brahmajnana
«Cuando se alcanza el conocimiento, el ego puede irse. Cuando se alcanza el conocimiento, se entra en samadhi. Solo cuando se entra en samadhi se va el ego. Ese conocimiento es muy difícil de alcanzar.
»Dicen los Vedas que solo cuando la mente llega al séptimo plano hay samadhi. Y solo entonces el ego puede irse. ¿Dónde mora la mente de ordinario? En los tres primeros planos: los genitales, el ano y el ombligo. Esos son los tres planos, y allí la mente solo está apegada al mundo, a la lujuria y la codicia. Cuando la mente mora en el corazón, se tiene la visión de la luz divina. Quien ve esa luz dice: «¡¿Qué es esto?! ¡¿Qué es esto?!». Después viene la garganta. Cuando la mente mora allí, solo se desea hablar de Dios y oír hablar de Él. Cuando la mente llega a la frente, entre las cejas, se ve la forma de Satchidananda, y se desea abrazar y tocar esa forma, pero no se puede. Es como ver la luz dentro de una linterna sin poder tocarla; parece que casi se la toca, pero no se la puede tocar. Cuando la mente llega al séptimo plano, el ego ya no existe: se entra en samadhi».
VIJAY — Cuando, después de llegar allí, se alcanza el brahmajnana, ¿qué ve el hombre?
SRI RAMAKRISHNA — Lo que ocurre cuando la mente llega al séptimo plano no se puede decir con palabras.
«Una vez que un barco entra en las aguas negras, ya no vuelve. No se tienen noticias del barco. Y tampoco el barco trae noticias del océano.
»Una muñeca de sal fue a medir el océano. Pero apenas se metió, ¡se deshizo! ¿Quién traerá noticias de lo profundo que es el océano? El que iba a traerlas se ha fundido en él. En el séptimo plano la mente se disuelve y se entra en samadhi. Lo que se siente no se puede decir con palabras».
Pero el ego no se va — el «yo canalla» — el «yo siervo»
«El “yo” que hace mundano al hombre, que lo apega a la lujuria y la codicia, ese “yo” es malo. La diferencia entre el alma individual y el Atman se debe a que este “yo” está en medio. Si se pone un palo sobre el agua, parece que hay dos partes. En realidad el agua es una sola; por el palo parecen dos.
»El ego es precisamente ese palo. Quita el palo y el agua volverá a ser una sola.
»¿Quién es el «yo canalla»? El que dice: «¿No me conoces? ¡Tengo tanto dinero! ¿Quién hay más rico que yo?». Si un ladrón le ha robado diez rupias, primero recupera el dinero y luego le pega al ladrón de lo lindo; ni siquiera con eso lo suelta: llama al guardia, lo entrega a la policía y le hace cumplir condena. Dice ese «yo canalla»: «¡No sabe que me ha robado mis diez rupias! ¡Qué insolencia tan grande!”».
VIJAY — Si mientras no se vaya el ego no se irá el apego al mundo ni se alcanzará el samadhi, entonces lo mejor es seguir el camino del brahmajnana, por el que se alcanza el samadhi. Y si en el camino de la devoción el ego permanece, entonces es mejor el camino del conocimiento.
SRI RAMAKRISHNA — A una o dos personas, al entrar en samadhi, se les va el «ego», es cierto, pero casi nunca se va. Por más que razones mil veces, el «ego» vuelve y se presenta de nuevo. Hoy cortas el árbol ashvattha y mañana por la mañana, mira, ya le han salido brotes. Si de ningún modo se va el «yo», ¡que se quede entonces ese granuja como «yo siervo»! Quédate en esta actitud: «¡Oh Dios! Tú eres el Señor, yo soy el siervo». No hay nada de malo en un «yo» así: «yo soy el siervo», «yo soy el devoto». Si comes dulces, te da acidez, pero el azúcar cande no se cuenta entre los dulces.
«El camino del conocimiento es dificilísimo. Mientras no se vaya la idea de que uno es el cuerpo, no hay conocimiento. En el Kaliyuga la vida depende del alimento, y esa idea no se va. Por eso, para el Kaliyuga, el camino de la devoción. El camino de la devoción es un camino fácil. Con anhelo sincero, canta sus nombres y sus glorias, ora, y alcanzarás a Dios, sin duda alguna.
»Es como si, en vez de poner un bambú sobre el agua, se trazara una línea en su superficie. Parece que el agua está dividida en dos partes. Y la línea no dura mucho tiempo. El «yo siervo», el «yo del devoto», el «yo del niño»: son como una simple línea de «yo”».