Kathamrita

Volumen I, sección IV, capítulo 4I · IV · Cap. 4

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Volumen I · Sección IV

Capítulo 4

Jueves, 14 de diciembre de 1882


āpūryamāṇam acalapratiṣṭhaṃ

samudram āpaḥ praviśanti yadvat |

tadvat kāmā yaṃ praviśanti sarve

sa śāntim āpnoti na kāmakāmī ||

Como las aguas entran en el océano,

que se llena y permanece inmóvil en su base,

así entran en él todos los deseos:

ese alcanza la paz, no el que ansía los deseos.

[Bhagavad Gita 2.70]

La esclavitud causada por la lujuria y la codicia

SRI RAMAKRISHNA (a Vijay) — Antes venías mucho; ¿por qué no vienes ahora?

VIJAY — Tengo muchas ganas de venir aquí, pero no soy libre. Me he comprometido con el trabajo de Brahmo Samaj.

SRI RAMAKRISHNA — La lujuria y la codicia1 atan al ser humano. Uno pierde su libertad. La mujer hace necesario el dinero, y para conseguirlo hay que someterse a la servidumbre de otro. La libertad se va. No puedes hacer lo que deseas.

«En Jaipur, los sacerdotes de Govindaji, al principio, no estaban casados. Entonces estaban llenos de vigor espiritual. Una vez el rey los mandó llamar, pero no fueron. Dijeron: “Digan al rey que venga”. Después, el rey y otras personas les concertaron los matrimonios. Entonces ya no hacía falta que nadie los llamara para que fueran a ver al rey. Se presentaban por su cuenta: “Majestad, he venido a bendecirlo; le he traído estas flores ya ofrecidas a la deidad. Recíbalas”. Por fuerza tenían que ir: hoy había que construir una casa, hoy era la ceremonia del primer arroz del hijo, hoy la iniciación en las letras… y así con todo.

»Esa historia la conoces: «Mil doscientos nedas2 y mil trescientas nedis; su testigo, udam sari». Virabhadra, el hijo de Nityananda Goswami, tenía mil trescientos discípulos nedas. Cuando alcanzaron la perfección espiritual, Virabhadra sintió miedo. Se puso a pensar: «Estos han alcanzado la perfección espiritual; lo que digan a la gente se cumplirá; por donde pasen habrá temor, porque si alguien, sin saberlo, los ofende, le sobrevendrá el mal». Pensando así, Virabhadra les dijo: «Vayan al Ganges y vuelvan después de hacer la sandhya y el culto diario». ¡Tan grande era el poder espiritual de los nedas que, al meditar, entraron en samadhi! No se dieron cuenta de cuándo la marea alta les pasó por encima de la cabeza. Luego llegó la marea baja, y aun así su meditación no se interrumpía. De los mil trescientos, cien entendieron lo que Virabhadra iba a decir. No hay que quebrantar la palabra del maestro, y por eso se escabulleron y no volvieron a presentarse ante Virabhadra. Los otros mil doscientos sí fueron a verlo. Virabhadra dijo: «Estas mil trescientas nedis les servirán. Cásense con ellas». Ellos respondieron: «Como usted ordene, pero cien de nosotros se han ido y no sabemos adónde». Aquellos mil doscientos empezaron entonces a vivir, cada uno con su compañera, que lo servía. Ya no tenían aquel poder espiritual, ya no tenían aquella fuerza de las austeridades. Al vivir con mujeres, aquella fuerza desapareció, porque con esa compañía se pierde la libertad. (A Vijay) Ustedes mismos están viendo en qué se han convertido por ponerse al servicio de otro. Y mira, tantos eruditos que han estudiado inglés y aprobado tantos exámenes aceptan trabajar para un amo y aguantan dos veces al día las patadas de sus amos. La causa es solo la lujuria. Se casan, montan un mercado como el de Nadia, y ya no hay manera de desmontarlo. Por eso sufren tanta humillación y tanto tormento en la servidumbre».

Después de alcanzar a Dios, se adora a la mujer como Madre

«Si, con un desapego intenso como ese, se alcanza a Dios una vez, entonces ya no queda apego a las mujeres. Aunque se viva en casa, no queda apego a las mujeres, no se les tiene miedo. Si un imán es muy grande y otro es pequeño, ¿cuál atraerá el hierro? El grande lo atraerá. Dios es el gran imán; junto a Él, la mujer es un imán pequeño. ¿Qué podrá hacer la mujer?».

UN DEVOTO — Señor, ¿acaso debemos odiar a las mujeres?

SRI RAMAKRISHNA — Quien ha alcanzado a Dios ya no mira a las mujeres con ojos de lujuria, de modo que no hay nada que temer. Ve claramente que las mujeres son una parte de la Madre del Universo, y por eso las venera a todas como a la Madre. (A Vijay) Ven de vez en cuando; tengo muchas ganas de verte.

Notas


  1. Aquí «lujuria y codicia» traduce la expresión bengalí «কামিনী-কাঞ্চন» (kamini-kanchan), literalmente «mujer y oro»: la fórmula recurrente con que Sri Ramakrishna señalaba los dos grandes obstáculos para la vida espiritual (el apego sensual y el apego al dinero o las posesiones). El propio Ramakrishna ajustaba el ejemplo según su audiencia: a los hombres les hablaba de «mujer y oro», a las mujeres de «hombre y oro», dejando claro que no se trataba de un juicio sobre un género en particular, sino de una misma enseñanza sobre el apego.↩︎

  2. Vaishnavas de cabeza rapada.↩︎