Kathamrita

Volumen I, sección IV, capítulo 2I · IV · Cap. 2

Tamaño 100%

Interlineado 1,60

Volumen I · Sección IV

Capítulo 2

Jueves, 14 de diciembre de 1882


অনিত্যমসুখং লোকমিমং প্রাপ্য ভজস্ব মাম্‌।

Habiendo llegado a este mundo transitorio y desdichado, adórame.

[Gita — 9.33]

Las cuatro clases de almas — la marca del alma ligada: lujuria y codicia

1

SRI RAMAKRISHNA — Se dice que las almas son de cuatro clases: ligadas, buscadoras de liberación, liberadas y siempre libres. El mundo es como una red de pescar; el alma individual es como un pez, y Dios (cuya maya es este mundo) es el pescador. Cuando los peces caen en la red del pescador, algunos tratan de romperla y escapar, es decir, de liberarse. A estos se les puede llamar almas buscadoras de liberación. Pero de los que intentan escapar, no todos lo consiguen. Unos cuantos peces escapan con un ¡plaf!, y entonces la gente dice: «¡Ese pez era grande, se ha escapado!». Esos pocos son las almas liberadas. Hay algunos peces que, por naturaleza, son tan cautelosos que nunca caen en la red. Las almas siempre libres, como Narada y otros, nunca caen en la red del mundo. Pero la mayoría de los peces caen en la red y ni siquiera se dan cuenta de que han caído y de que van a morir. Apenas caen en la red, salen disparados, con red y todo, y tratan de hundirse en el fango para esconder el cuerpo. No hacen ningún esfuerzo por escapar; al contrario, se hunden aún más en el fango. Esos son las almas ligadas. Están dentro de la red, pero piensan: «¡Aquí estoy muy bien!». El alma ligada vive apegada al mundo, es decir, a la lujuria y la codicia; está hundida en el mar de la inmundicia, ¡y sin embargo piensa que está muy bien! A las almas buscadoras de liberación y a las liberadas, el mundo les parece un pozo hondo; no les gusta. Por eso algunas abandonan el cuerpo después de obtener el conocimiento, después de alcanzar a Dios. Pero esa clase de abandono del cuerpo es cosa muy lejana.

»Al alma ligada, al alma mundana, no se le abren los ojos de ningún modo. Padece tanto sufrimiento, recibe tantos golpes, cae en tantas desgracias, y aun así no despierta.

»El camello ama muchísimo la hierba espinosa. Pero cuanto más come, más le sale la sangre a chorros por la boca; y aun así seguirá comiendo esa misma hierba espinosa, no la dejará. La gente mundana padece tantas penas y tantos tormentos, y aun así, pasado un tiempo, todo sigue igual. Se le muere la esposa, o ella le es infiel, y aun así se casará de nuevo. Se le muere el hijo, sufre muchísimo, y a los pocos días lo ha olvidado todo. La madre de ese mismo hijo, que estaba fuera de sí de dolor, pasado un tiempo ¡vuelve a recogerse el cabello y a ponerse sus joyas! Las personas así se arruinan con la boda de una hija, ¡y año tras año les siguen naciendo más hijas e hijos! Se arruinan por los pleitos, ¡y vuelven a meterse en pleitos! No pueden dar de comer a los hijos que ya tienen, ni vestirlos ni mantenerlos en una buena casa, ¡y aun así año tras año les nace otro hijo!

»A veces ocurre como con la culebra que se ha tragado una musaraña: no puede tragarla del todo ni tampoco puede vomitarla. Quizá el alma ligada ha comprendido que en el mundo no hay nada esencial, que la ciruela agria no es más que hueso y piel. Y aun así no puede dejarlo. ¡Y aun así no puede volver la mente hacia Dios!

»¡Veo a un pariente de Keshab Sen, de cincuenta años de edad, jugando a las cartas! ¡Como si todavía no le hubiera llegado la hora de pronunciar el nombre de Dios!

»Hay otra marca del alma ligada: si la sacas del mundo y la pones en un buen lugar, languidecerá y morirá. El gusano del estiércol es feliz en el estiércol. Con eso engorda y se pone lustroso. Si pones a ese gusano en la olla del arroz, morirá.

(Todos quedan en silencio.)

Notas


  1. Aquí «lujuria y codicia» traduce la expresión bengalí «কামিনী-কাঞ্চন» (kamini-kanchan), literalmente «mujer y oro»: la fórmula recurrente con que Sri Ramakrishna señalaba los dos grandes obstáculos para la vida espiritual (el apego sensual y el apego al dinero o las posesiones). El propio Ramakrishna ajustaba el ejemplo según su audiencia: a los hombres les hablaba de «mujer y oro», a las mujeres de «hombre y oro», dejando claro que no se trataba de un juicio sobre un género en particular, sino de una misma enseñanza sobre el apego.↩︎