Kathamrita

Volumen I, sección XVIII, capítulo 6I · XVIII · Cap. 6

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Volumen I · Sección XVIII

Capítulo 6

Martes, 27 de octubre de 1885


La puja al guru

DOCTOR (a Girish) — Haz todo lo demás, pero no lo adores como a Dios. ¿Estás echando a perder a un hombre tan bueno?

GIRISH — ¿Qué puedo hacer, señor? A quien me hizo cruzar este océano del mundo y este mar de la duda, ¿de qué otro modo puedo tratarlo, dígame? ¿Acaso su excremento me parece excremento?

DOCTOR — No es por el excremento. ¡Yo tampoco siento asco! Una vez vino el hijo de un tendero y evacuó allí mismo. ¡Todos se taparon la nariz con un paño! Yo me senté a su lado media hora y no me la tapé. Y cuando el limpiador de letrinas se lleva los excrementos sobre la cabeza, yo no puedo taparme la nariz. Sé que él es igual que yo y yo igual que él, ¿por qué habría de sentir asco? ¿Acaso no puedo tomar el polvo de sus pies? Mira, lo tomo. (Toma el polvo de los pies de Sri Ramakrishna).

GIRISH — Los ángeles están diciendo en este mismo instante: «¡Bendito, bendito!».

DOCTOR — ¡Pues qué tiene de extraordinario tomar el polvo de los pies! ¡Yo puedo tomarlo de todos! ¡Vamos, dame! ¡Dame! (Toma el polvo de los pies de todos).

NARENDRA (al doctor) — A él lo consideramos semejante a Dios. ¿Sabe usted cómo? Como ocurre entre el reino vegetal y el reino animal. Entre ambos hay un punto intermedio, un lugar donde es muy difícil decidir si aquello es una planta o un animal. De la misma manera, entre el mundo de los hombres y el mundo de los dioses hay un lugar donde es difícil decir si esa persona es un hombre o Dios.

DOCTOR — Oye, cuando se habla de Dios, las comparaciones no valen.

NARENDRA — Yo no digo que sea Dios, digo que es un hombre semejante a Dios.

DOCTOR — Esos sentimientos hay que reprimirlos. No es bueno exteriorizarlos. Nadie ha entendido lo que hay en mí. Mis mejores amigos me creen duro y cruel. ¡Y ustedes quizá me echen a zapatazos!

SRI RAMAKRISHNA (al doctor) — ¡Cómo dices eso! ¡Cuánto te quieren estos! Se quedan despiertos esperándote, con todo dispuesto, como la esposa que prepara el lecho y espera a su esposo.

GIRISH — Todos le tienen el mayor respeto.

DOCTOR — Mi hijo y hasta mi esposa me consideran duro de corazón. Porque mi defecto es este: no le manifiesto a nadie lo que siento.

GIRISH — Entonces, señor, ¿no sería bueno que abriera las puertas de su corazón, al menos por compasión hacia sus amigos, pensando que ellos no logran comprenderlo?

DOCTOR — ¿Qué les voy a decir? Mis sentimientos se exaltan más que los de ustedes. (A Narendra) Lloro a solas.

Los grandes santos y la asunción de los pecados de los jivas — los avataras y Narendra

DOCTOR (a Sri Ramakrishna) — Bueno, cuando entras en éxtasis le pones el pie encima a la gente. Eso no está bien.

SRI RAMAKRISHNA — ¿Y acaso puedo saber yo, amigo, si le estoy poniendo el pie a alguien o no?

DOCTOR — Eso no está bien. Al menos te das cuenta de ello, ¿no?

SRI RAMAKRISHNA — ¿Qué te voy a decir de lo que me ocurre en el samadhi? Después de ese estado pienso: «¡Quizá la enfermedad me venga por eso!». Al pensar en Dios me vuelvo loco. En la locura ocurre esto, ¿qué puedo hacer?

DOCTOR — Él lo ha admitido. Se arrepiente de lo que hace. Tiene conciencia de que la acción es pecaminosa.

SRI RAMAKRISHNA (a Narendra) — Tú eres muy agudo, habla tú; hazle entender.

GIRISH (al doctor) — ¡Señor! Usted ha entendido mal. Él no se ha afligido por eso. Su cuerpo es puro, sin mancha de pecado. Él toca a las personas para su bien. Al tomar sobre sí sus pecados, es muy probable que enferme, y eso es lo que a veces piensa. Cuando a usted le dio el cólico, ¿acaso no se lamentó: «¿Por qué me quedaba despierto toda la noche estudiando tanto?»? Pero ¿acaso estudiar en vela es una acción incorrecta? Puede lamentar la enfermedad, pero no considere incorrecto tocar a otros para procurarles el bien.

DOCTOR (avergonzado, a Girish) — Me has vencido. Dame el polvo de tus pies, dámelo. (Toma el polvo de los pies de Girish). (A Narendra) No es otra cosa, hombre; hay que reconocer su capacidad intelectual.

NARENDRA (al doctor) — Mire, hay otra cosa. Para hacer un descubrimiento científico usted puede entregar su vida: no le importan el cuerpo, la enfermedad, nada. Y para conocer a Dios, la más grande de todas las ciencias, ¿no va a arriesgar él la salud?

DOCTOR — Todos los reformadores religiosos que ha habido, Jesús, Chaitanya, Buda, Mahoma, al final están todos llenos de orgullo. Dicen: «¡Lo que yo he dicho, eso es lo correcto!». ¡Qué manera de hablar!

GIRISH (al doctor) — ¡Señor, ese defecto lo tiene usted también! Usted solo les señala a todos ellos el defecto de ser orgullosos, y al señalarlo incurre usted exactamente en el mismo defecto.

El doctor guardó silencio.

NARENDRA (al doctor) — Le rendimos una adoración que roza la adoración a Dios.

Thakur Sri Ramakrishna ríe de dicha, como un niño.