Kathamrita

Volumen I, sección XVII, capítulo 5I · XVII · Cap. 5

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Volumen I · Sección XVII

Capítulo 5

Lunes, 26 de octubre de 1885


Devoción sin motivo — Relato del pasado — La actitud de servidor de Sri Ramakrishna

SRI RAMAKRISHNA — «Lo que dice este (el doctor) se llama devoción sin motivo. Yo no quiero nada de Mahendra Sarkar, no necesito nada; solo me gusta ver a Mahendra Sarkar. A esto se llama devoción sin motivo. Siento un poco de dicha, ¿qué le voy a hacer?

»Ahalya dijo: “¡Oh Rama! Si he de nacer como cerdo, no tengo objeción alguna; pero que tenga devoción pura a tus pies de loto. No quiero nada más”.

»Narada fue a Ayodhya a ver a Ramachandra para recordarle que debía matar a Ravana. Contempló a Sita y a Rama y se puso a cantar sus alabanzas. Ramachandra, complacido con el himno, le dijo: “Narada, estoy complacido con tus alabanzas. Pídeme alguna gracia”. Narada dijo: “Rama, si de veras me vas a conceder una gracia, concédeme esta: que tenga devoción pura a tus pies de loto, y haz también que no me deje fascinar por tu maya, que hechiza al mundo entero”. Rama dijo: “Pide alguna gracia más”. Narada dijo: “No quiero nada más; solo quiero devoción pura a tus pies de loto”.

»Lo mismo le pasa a este. Solo quiere ver a Dios y no quiere nada más: ni riqueza, ni honores, ni placeres del cuerpo. A esto se llama devoción pura.

»Un poco de dicha sí hay, pero no es la dicha de las cosas del mundo. Es la dicha de la devoción, del amor. Sambhu (Mallik) me dijo —cuando yo iba a menudo a su casa—: “Tú vienes aquí; sin duda sientes dicha al conversar conmigo, por eso vienes”. Ese poquito de dicha existe.

»Pero por encima de eso hay todavía otro estado. Uno anda como un niño, sin un propósito fijo; quizá esté atrapando un saltamontes.»

SRI RAMAKRISHNA (a los devotos) — «¿Han entendido cuál es la actitud de este (el doctor)? Uno le ruega a Dios: “Oh Dios, dame buena voluntad, para que mi mente no se incline a las malas acciones”.

»Yo también pasé por ese estado. A esto se le llama actitud de servidor. Yo lloraba tanto llamando “¡Madre, Madre!” que la gente se detenía a mirar. Después de aquel estado mío, para tentarme y curar mi locura, trajeron a una mujer de mala vida, la dejaron sentada en mi cuarto y se marcharon. Era hermosa, de ojos bellos. Yo salí del cuarto gritando “¡Madre! ¡Madre!”, llamé a Haladhari y le dije: “Hermano, ven a ver quién ha venido a mi cuarto”. Se lo dije a Haladhari y a todos los demás. En ese estado lloraba llamando “Madre, Madre”, y entre sollozos decía: “¡Madre! ¡Protégeme! ¡Madre! Hazme puro, sin mezcla, para que mi mente no pase del bien al mal”.»

SRI RAMAKRISHNA (al doctor) — «Tu actitud es buena: es exactamente la actitud de devoción, la actitud de servidor.»

El bien del mundo y la persona común — Obra desinteresada y sattva puro

SRI RAMAKRISHNA — «Si alguien llega a tener un carácter puro, solo piensa en Dios y ninguna otra cosa le agrada. Algunos, por sus acciones pasadas, tienen sattva puro desde el nacimiento. Si uno se esfuerza por obrar sin deseos, al final alcanza el sattva puro. Cuando hay sattva mezclado con rajas, poco a poco la mente se dispersa, y entonces se juntan el orgullo y pensamientos como “voy a hacerle bien al mundo”. Para una persona común, ponerse a hacerle bien al mundo es muy difícil. Sin embargo, si alguien obra sin deseos para servir a los demás, no hay falta en ello; a esto se llama obra desinteresada. Esforzarse por obrar así es muy bueno. Pero no todos pueden. Es muy difícil. Todos tienen que obrar; solo uno o dos pueden renunciar a la acción. Solo en uno o dos hombres se ve el sattva puro. Obrando de este modo, de manera desinteresada, el sattva mezclado con rajas se va convirtiendo poco a poco en sattva puro.

»Cuando se alcanza el sattva puro, entonces, por Su gracia, se alcanza a Dios.

»La gente común no puede entender este estado del sattva puro. Hem me dijo: “Dígame, señor Bhattacharya1, ¿no es el objetivo de la vida humana obtener honra en el mundo? ¿Qué le parece?”.»

Notas


  1. Hem se dirigió a Ramakrishna como el señor Bhattacharya, un título de respeto para los sacerdotes. Su comentario está teñido de sarcasmo y sugiere que incluso las llamadas personas santas pueden estar apegadas al nombre y la fama.↩︎