Kathamrita

Volumen I, sección XVII, capítulo 3I · XVII · Cap. 3

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Volumen I · Sección XVII

Capítulo 3

Lunes, 26 de octubre de 1885


Con los devotos — ¿De qué sirve la mera erudición?

Mientras se decían todas estas cosas, el coche del doctor llegó frente a la casa de Shyampukur, donde Sri Sri Thakur Paramahamsadeva se alojaba para recibir tratamiento. Era la una de la tarde. Thakur estaba sentado en la habitación del piso de arriba. Muchos devotos estaban sentados ante él; entre ellos, Girish Ghosh, Narendra el menor, Sarat y otros. Todas las miradas estaban puestas en aquel gran yogi, siempre dichoso, aquel gran santo. Todos parecían estar sentados ante él como serpientes hechizadas ante el encantador, o como la comitiva nupcial que se regocija en torno al novio. El doctor y M. entraron, lo saludaron con reverencia y tomaron asiento.

Al ver al doctor, Sri Ramakrishna dice entre risas:

SRI RAMAKRISHNA — Hoy estoy bastante bien.

Poco a poco, en compañía de los devotos, fueron surgiendo muchas conversaciones sobre Dios.

SRI RAMAKRISHNA — ¿De qué sirve la mera erudición si no hay discernimiento ni desapego? Cuando pienso en los pies de loto de Dios, me sobreviene un estado. Se me cae la ropa que llevo puesta, y algo me sube con un estremecimiento desde los pies hasta la cabeza. Entonces todos me parecen briznas de hierba. Si veo que un pandit no tiene discernimiento, que no tiene amor a Dios, me parece paja y ramitas secas.

Relato anterior — el doctor Ramnarayan — conversación con Bankim

SRI RAMAKRISHNA — El doctor Ramnarayan discutía conmigo, y de pronto me sobrevino aquel estado. Entonces le dije: «¿Qué estás diciendo? ¿Qué vas a entender de Él discutiendo? ¿Y qué vas a entender de Su creación? Tienes la mentalidad de un tejedor». Al ver mi estado, se puso a llorar y a masajearme los pies.

EL DOCTOR — ¡Es que el doctor Ramnarayan es hindú! ¡Y además usa flores y pasta de sándalo! ¡Un hindú de verdad!

M. (para sí) — El doctor había dicho: «Yo no estoy en eso de la caracola y el gong».

SRI RAMAKRISHNA — Bankim es uno de los pandits de ustedes. Me encontré con Bankim1. Le pregunté: «¿Cuál es el deber del hombre?». Y me dijo: «Comer, dormir y la unión carnal». Al oír estas cosas sentí repugnancia. Le dije: «¡Qué manera de hablar es esa! ¡Qué ordinario eres! Lo que piensas día y noche, lo que haces en la práctica, eso mismo te sale por la boca. Si comes rábano, eructas a rábano». Después hablamos mucho de Dios. Hubo canto devocional en la habitación. Y además bailé. Entonces me dijo: «¡Señor! Venga una vez a nuestra casa». Le dije: «Eso será según la voluntad de Dios». Entonces me dijo: «Allá también tenemos devotos, ya verá». Yo le dije, riendo: «¿Y qué clase de devotos son esos? ¿Serán devotos como aquellos que decían “¡Gopal! ¡Gopal!”?».

EL DOCTOR — «¡Gopal! ¡Gopal!». ¿Qué historia es esa?

SRI RAMAKRISHNA (riendo) — Había un orfebre que tenía una tienda. Era un gran devoto, un gran vaishnava: collar al cuello, marcas sagradas en la frente, un rosario con el nombre de Hari en la mano. La gente confiaba en él y acudía a esa tienda, pensando: «Estos son devotos de verdad, nunca nos engañarán». Cuando llegaba un grupo de clientes, un artesano decía: «¡Keshab! ¡Keshab!». Un rato después, otro artesano empezaba a repetir: «¡Gopal! ¡Gopal!». Y al rato, otro decía: «¡Hari! ¡Hari!», y luego otro: «¡Har! ¡Har!». Así, al oír tantos nombres de Dios, los clientes pensaban sin dudar que ese orfebre era un hombre excelente. Pero ¿sabes lo que pasaba en realidad? El que decía «¡Keshab, Keshab!» lo hacía pensando: «¿Quiénes son todos estos?». El que decía «¡Gopal! ¡Gopal!» quería decir: «Los he mirado bien, y son un rebaño de vacas». (Risas). El que decía «¡Hari, Hari!» quería decir: «Si son un rebaño de vacas, entonces ¡robémosles!». (Risas). Y el que decía «¡Har, Har!» quería decir: «¡Entonces roba, roba! ¡Si son un rebaño de vacas!». (Risas).

»Una vez fui con Sejo Babu a otro lugar. Muchos pandits vinieron a debatir conmigo. ¡Yo soy un ignorante! (Risas de todos). Ellos vieron aquel estado mío y, después de hablar conmigo, dijeron: «¡Señor! Todo lo que habíamos estudiado antes, toda esa erudición, se ha vuelto escupitajo al conversar contigo. Ahora lo hemos entendido: cuando desciende Su gracia, no falta el conocimiento; el ignorante se vuelve sabio, ¡y el mudo suelta la lengua!». Por eso digo: no se es erudito solo por leer libros.

Relato anterior — el primer samadhi — la manifestación y Sarasvati en la garganta del ignorante

»Sí, cuando desciende Su gracia, ¿acaso falta el conocimiento? Mira, yo soy un ignorante, no sé nada; entonces, ¿quién dice todas estas cosas? Y este granero de conocimiento es inagotable. En mi tierra miden el arroz con cáscara diciendo “Rame Ram, Rame Ram”. Uno mide, y cuando el montón está por acabarse, otro empuja más arroz. Esa es su tarea: empujar el montón cuando se acaba. A mí me pasa igual: cuando lo que voy diciendo está a punto de agotarse, mi Madre al instante empuja más desde Su inagotable granero de conocimiento.

SRI RAMAKRISHNA — En mi niñez Él se me manifestó. A los once años, en el campo, ¡qué cosa vi! Todos dijeron que me había quedado sin sentido, sin responder a nada. Desde ese día me volví otro. Empecé a ver en mi interior a Otro. Cuando iba a adorar a la Deidad, muchas veces mi mano, en vez de ir hacia la Deidad, venía hacia mi propia cabeza, ¡y me ponía las flores en la cabeza! El muchacho que vivía conmigo no se me acercaba; decía: «Veo no sé qué resplandor en tu rostro, ¡me da miedo acercarme demasiado a ti!».

Notas


  1. Sri Sri Paramahamsadeva se había encontrado con el señor Bankimchandra Chatterjee en la casa de Sri Adharlal Sen, gran devoto y magistrado adjunto, residente de Benetola, en Calcuta. Bankim Babu lo había visto solo esa vez.↩︎