Volumen I · Sección XVII
Capítulo 2
Lunes, 26 de octubre de 1885
Conversación entre M. y el doctor
M. llegó a casa del doctor y lo encontró sentado con uno o dos amigos.
DOCTOR — Hace apenas un minuto estaba hablando de ti. Dijiste que vendrías a las diez, y llevo hora y media sentado esperando. Pensé: ¿cómo estará?, ¿qué habrá pasado? (A su amigo) «Oye, canta aquella canción, ¿quieres?».
El amigo canta:
Canta su Nombre mientras en el cuerpo haya aliento.
Aquel cuya gloria es luz ardiente que ilumina el mundo, oh;
corre la corriente del agua-néctar del amor, que da dicha a todos los seres, oh.
Al recordar su misericordia el cuerpo se eriza; ¿acaso puedo decirlo con palabras?
Por cuya gracia en un instante se disipan todas las penas, oh.
Arriba, abajo, de tierra en tierra, en el seno de las aguas, en el cielo,
¿dónde está su fin?, ¿dónde está su fin?, esto preguntan siempre todos, oh.
Él, morada de la Conciencia, piedra filosofal, de ojos que nunca parpadean,
el Inmaculado, cuya visión no deja ni rastro de pena, oh.
DOCTOR — La canción es muy buena, ¿verdad? ¿Y qué te parece esa parte?
«¿Dónde está su fin?, ¿dónde está su fin?, esto preguntan siempre todos».
M. — Sí, esa parte es maravillosa. Expresa un profundo sentimiento de lo Infinito.
DOCTOR (con afecto) — Ya es tarde. Has comido, ¿verdad? Yo termino de comer antes de las diez y luego salgo a atender a mis pacientes. Si salgo sin comer, me enfermo. Oye, tengo pensado invitarlos a comer un día.
M. — Muy bien, señor.
DOCTOR — Bueno, ¿aquí o allí? Como ustedes digan.
M. — Señor, sea aquí o allí, todos comeremos con alegría.
Ahora hablan de la Madre Kali.
DOCTOR — Kali no es más que una mujerzuela santal1. (M. ríe a carcajadas.)
M. — ¿Dónde está escrito eso?
DOCTOR — Así lo he oído. (M. ríe.)
El día anterior, el señor Vijaykrishna y otros devotos habían experimentado el éxtasis. El doctor también estaba presente.
Ahora hablan de eso.
DOCTOR — Vi el éxtasis, sí. ¿Es bueno tanto éxtasis?
M. — Paramahamsadeva dice que el éxtasis que nace de pensar en Dios no causa daño alguno, aunque sea excesivo. Dice que la luz de una gema ilumina y refresca el cuerpo, ¡pero no quema!
DOCTOR — ¡La luz de la gema! ¡Eso es luz reflejada!
M. — También dice que si uno se sumerge en un lago de néctar de inmortalidad no muere. Dios es un lago de néctar de inmortalidad. Si uno se sumerge en Él, no le sobreviene ningún mal; al contrario, se vuelve inmortal. Eso sí, si tiene fe en Dios.
DOCTOR — Sí, eso es verdad.
El doctor subió al coche; después de ver a unos cuantos pacientes iría a ver a Paramahamsadeva. En el camino siguió conversando con M. El doctor sacó el tema del «orgullo de Chakravarti».
M. — Él va a ver a Paramahamsadeva con frecuencia. Si tiene orgullo, dentro de poco ya no lo tendrá. Cuando uno se sienta junto a él, el orgullo huye, el orgullo se quiebra. Es que allí no hay orgullo, por eso. Cuando uno se acerca a quien no tiene orgullo, el orgullo echa a correr. Mire, el señor Vidyasagar, un hombre tan grande, ¡cuánta humildad y modestia mostró! Paramahamsadeva fue a verlo a su casa de Badurbagan. Cuando se despidió eran las nueve de la noche. Vidyasagar lo acompañó desde la sala de la biblioteca hasta el coche, sosteniendo él mismo la lámpara de cuando en cuando, y lo ayudó a subir; al despedirse, se quedó con las manos juntas.
DOCTOR — Bueno, ¿y qué opina el señor Vidyasagar de él?
M. — Aquel día le mostró mucha devoción. Pero al hablar con él he visto que eso que los Vaishnavas llaman éxtasis y demás no le gusta mucho. Como a usted.
DOCTOR — Juntar las manos, poner la cabeza sobre los pies, a mí todo eso no me gusta. La cabeza es lo mismo que el pie. Pero el que tenga otra idea acerca de los pies, que lo haga.
M. — A usted no le gusta el éxtasis y todo eso. Paramahamsadeva de vez en cuando lo llama «alma profunda»; supongo que lo recuerda. Ayer mismo le dijo que cuando un elefante entra en un estanque pequeño el agua se agita toda, pero un lago es tan grande que, si un elefante entra en él, el agua ni se mueve. Cuando el elefante del éxtasis entra en un alma profunda, no puede hacerle nada. Dice que usted es un alma profunda.
DOCTOR — No merezco ese cumplido. Y el éxtasis, ¿qué es al fin y al cabo? Sentimientos; devoción y otros sentimientos; cuando son excesivos, unos pueden contenerlos y otros no.
M. — Unos pueden dar una explicación de cierta manera y otros no; pero, señor, el éxtasis y la devoción son algo extraordinario. En su biblioteca vi el libro de Stebbing sobre el darwinismo. Stebbing dice que la mente humana, ya sea fruto de la evolución o una creación aparte de Dios, es igualmente maravillosa. Hace una buena comparación con la teoría de la luz: se conozca o no la teoría ondulatoria de la luz, la luz es igualmente maravillosa en ambos casos.
DOCTOR — Sí; y ¿has visto? Stebbing acepta el darwinismo y también acepta a Dios.
De nuevo se habló de Paramahamsadeva.
DOCTOR — Veo que él es adorador de Kali.
M. — Para él, «Kali» significa otra cosa. A quien los Vedas llaman el Brahman Supremo (Parabrahman), a Él Paramahamsadeva lo llama Kali. A quien los musulmanes llaman Alá, a quien los cristianos llaman Dios, a Él lo llama Kali. No ve muchos dioses. Ve a Uno. Aquel a quien los antiguos conocedores del Absoluto llamaron Brahman, aquel a quien los yogis llaman Atman, aquel a quien los devotos llaman Bhagavan, a Él Paramahamsadeva lo llama Kali.
«Le he oído contar que había un hombre que tenía una tina con tinte. Cuando alguien necesitaba teñir una tela, acudía a él. Él preguntaba: “¿De qué color quieres teñirla?”. Si el hombre decía verde, sumergía la tela en el tinte de la tina y se la devolvía, diciendo: “Toma tu tela teñida de verde”. Si otro decía rojo, sumergía la tela en la misma tina y decía: “Toma tu tela teñida de rojo”. Con el tinte de esa sola tina se teñían telas de verde, de azul, de amarillo, de todos los colores. Al ver este prodigio, un hombre dijo: “Señor, ¿te digo qué color quiero? Dame el color del que tú mismo estás teñido”. Así también, en Paramahamsadeva están todas las actitudes; la gente de todas las religiones, de todas las sectas, encuentra en él paz y dicha. ¿Quién comprenderá cuál es su estado interior, cuán profundo es ese estado?».
DOCTOR — ¡Ser todo para todos! Eso tampoco es bueno, aunque lo diga san Pablo.
M. — ¿Quién comprenderá el estado de Paramahamsadeva? De su boca he oído que, si no se comercia con hilo, no se distingue el hilo número cuarenta del número cuarenta y uno. Si no se es pintor, no se comprende el arte del pintor. Profundo es el estado interior de un gran santo. Si no se es como Cristo, no se comprende el estado interior de Cristo. Quizá este profundo estado de Paramahamsadeva sea lo mismo que dijo Cristo: «Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto».
DOCTOR — Bueno, ¿y cómo se organizan ustedes para cuidarlo en su enfermedad?
M. — Por ahora, cada día uno de los de más edad supervisa sus cuidados. Un día Girish Babu, otro día Ram Babu, otro día Balaram Babu, otro día Suresh Babu, otro día Nabagopal, otro día Kali Babu; así.
Notas
Santhal, tribu aborigen de la India.↩︎