Volumen I · Sección XV
Capítulo 3
Jueves, 22 de octubre de 1885
Conversación sobre la encarnación divina: la encarnación divina y el alma individual
SRI RAMAKRISHNA (a Ishan) — Di algo; este (el doctor) no acepta la encarnación divina.
ISHAN — Señor, ¿qué voy a argumentar yo? Ya no me gusta argumentar.
SRI RAMAKRISHNA (molesto) — ¿Por qué? ¿No vas a decir lo que es justo?
ISHAN (al doctor) — Por orgullo tenemos poca fe. Kakabhushundi, al principio, no aceptó a Ramachandra como encarnación divina. Al final, cuando recorrió el mundo de la luna, el mundo de los dioses y Kailasa, y vio que no había modo alguno de escapar de la mano de Rama, se entregó y se refugió en Él. Entonces Rama lo atrapó, lo metió en su boca y se lo tragó. Bhushundi ve entonces que sigue posado en su propio árbol. Una vez quebrantado su orgullo, Kakabhushundi comprendió que Ramachandra, en apariencia, es un hombre como nosotros, pero que en su mismo vientre está el universo. Dentro de su vientre están el espacio, la luna, el sol, las estrellas, los mares, las montañas, los seres vivos, las bestias, los árboles y todo lo demás.
La mente limitada del alma individual
SRI RAMAKRISHNA (al doctor) — Eso es lo difícil de comprender: Él mismo es el Ser soberano y Él mismo es la Forma cósmica. A aquel a quien pertenece lo Eterno le pertenece también el juego divino. Con nuestra mente pequeña, ¿cómo podemos afirmar con tanta seguridad que Él no puede hacerse hombre? ¿Pueden nuestras pequeñas inteligencias abarcar estas cosas? ¿Acaso en una vasija de un seer caben cuatro seers de leche?
«Por eso hay que creer en la palabra de los hombres santos y los grandes santos que han realizado a Dios. Los hombres santos viven pensando en Dios, como los abogados viven pensando en sus pleitos. ¿Crees la historia de Kakabhushundi?»
EL DOCTOR — Lo que está bien, lo creo. Si uno se entrega, el asunto se acaba y no queda ningún lío. Pero ¿cómo puedo llamar a Rama una encarnación divina? Mira primero la muerte de Vali. A escondidas, como un ladrón, le disparó una flecha y lo mató. Eso es obra de hombre, no de Dios.
GIRISH GHOSH — Señor, solo Dios puede hacer eso.
EL DOCTOR — Luego mira el abandono de Sita.
GIRISH — Señor, también eso solo Dios puede hacerlo; un hombre no puede.
ISHAN (al doctor) — ¿Por qué usted no acepta la encarnación divina? Hace un momento dijo: «Quien ha hecho la forma tiene forma; quien ha hecho la mente no tiene forma». Y hace un momento dijo usted que eso puede ser obra de Dios.
¿La ciencia o la palabra de los grandes santos?
SRI RAMAKRISHNA (riendo) — ¡Que Dios pueda encarnarse es algo que no está en su ciencia (la ciencia inglesa)! Entonces, ¿cómo va a creerlo? (Risas de todos).
«Escucha un cuento. Vino uno y dijo: “¡Oye! Vengo de ese barrio, donde vi que la casa de fulano se vino abajo con gran estrépito”. El que recibió la noticia sabía leer y escribir en inglés. Dijo: “Espera, déjame mirar el periódico”. Miró el periódico y vio que no decía nada de ninguna casa que se hubiera caído. Entonces dijo: “Oye, no creo lo que dices. Mira, en el periódico no está escrito que se haya caído una casa. Todo eso es mentira”». (Risas de todos).
GIRISH (al doctor) — Usted tiene que aceptar a Sri Krishna como Dios. No le dejaré aceptarlo como hombre. Tendrá que decir: o diablo, o Dios.
Sencillez y fe en Dios
SRI RAMAKRISHNA — Si uno no es sencillo, no cree en Dios con facilidad. Dios está muy lejos del pensamiento mundano. Con el pensamiento mundano surgen toda clase de dudas y toda clase de orgullos: el orgullo de la erudición, el orgullo de la riqueza, todo eso. Pero este (el doctor) es sencillo.
GIRISH (al doctor) — ¡Señor! ¿Qué dice? ¿Puede un embustero alcanzar el conocimiento?
EL DOCTOR — ¡Dios mío! ¡Eso no puede ser jamás!
SRI RAMAKRISHNA — ¡Qué sencillo era Keshab Sen! Una vez fue allá (al templo de Kali de Rasmani). Al ver la casa de huéspedes, a las cuatro de la tarde preguntó: «Oye, ¿a qué hora comen los huéspedes y los pobres?»
«Cuanto más crezca la fe, más crecerá también el conocimiento. La vaca que escoge lo que come da la leche gota a gota. La vaca que devora con ansia lo que le des —hierbas, cáscaras, salvado—, esa da la leche a chorros». (Risas de todos).
«Sin una fe como la de un niño no se alcanza a Dios. La madre le dijo: “Ese es tu hermano mayor”, y el niño cree enseguida que ese es su hermano mayor, con una fe completa, de dieciséis sobre dieciséis. La madre dijo: “Ahí está el Coco”, y el niño cree con una fe de dieciséis sobre dieciséis que en ese cuarto está el Coco. Cuando Dios ve una fe así, como la de un niño, se compadece. Con una mente mundana no se alcanza a Dios».
EL DOCTOR (a los devotos) — Pero no es bueno que la leche sea de una vaca que come cualquier cosa. A una vaca mía le daban de comer cualquier cosa de ese modo. Al final caí gravemente enfermo. Entonces pensé: ¿cuál será la causa? Después de mucho indagar descubrí que la vaca había comido arroz quebrado y no sé qué otras cosas. ¡Fue un problema enorme! Tuve que ir a Lucknow. ¡Al final gasté doce mil rupias! (Todos ríen a carcajadas).
«No se puede saber qué es causa de qué. En casa de los señores de Paikpara cayó enferma una niña de siete meses: tos ferina. Fui a verla. No pude determinar de ningún modo la causa de la enfermedad. Al final supe que se había mojado la burra cuya leche tomaba la niña». (Risas de todos).
SRI RAMAKRISHNA — ¡Qué dices! ¡Mi coche pasó por debajo del tamarindo, y por eso me ha dado acidez! (Risas del doctor y de todos).
EL DOCTOR (riendo) — Al capitán de un barco le dolía mucho la cabeza. Los médicos, tras consultarse entre sí, pusieron un vejigatorio en el casco del barco. (Risas de todos).
La compañía de los hombres santos y la renuncia a los placeres sensuales
SRI RAMAKRISHNA (al doctor) — La compañía de los hombres santos hace falta siempre. La enfermedad es crónica. Hay que hacer lo que dicen los hombres santos. ¿De qué sirve solo escuchar? Hay que tomar la medicina, y además hay que tener cuidado con la comida. Hay que seguir una dieta.
EL DOCTOR — Con la dieta sola se cura.
SRI RAMAKRISHNA — Hay tres clases de médicos: el mejor, el mediano y el peor. El médico que viene, toma el pulso, dice: «Tómate la medicina, amigo» y se va, ese es el peor: no se interesa por saber si el enfermo la tomó o no. Y el médico que le explica al enfermo, largamente y con palabras dulces, que debe tomar la medicina: «Oye, si no te tomas la medicina, ¿cómo vas a curarte? Anda, querido, tómala; yo mismo te estoy preparando la medicina, tómala», ese es el médico mediano. Y el médico que, al ver que el enfermo no quiere tomarla de ningún modo, le pone la rodilla sobre el pecho y le hace tragar la medicina a la fuerza, ese es el mejor médico.
EL DOCTOR — Pero también hay medicinas que no exigen poner la rodilla en el pecho. Por ejemplo, las homeopáticas.
SRI RAMAKRISHNA — Si el mejor médico pone la rodilla en el pecho, no hay ningún peligro.
«Como los médicos, también los maestros espirituales son de tres clases. El que da la enseñanza religiosa y ya no se interesa por sus discípulos es el peor maestro espiritual. El que, por el bien de los discípulos, les explica una y otra vez para que puedan asimilar las enseñanzas, el que les ruega mucho, les suplica y les muestra su amor, ese es el maestro espiritual mediano. Y el maestro espiritual que, al ver que los discípulos no quieren escuchar de ningún modo, llega incluso a usar la fuerza, a ese lo llamo el mejor maestro espiritual».
Las mujeres y el monje: las duras reglas del monje
SRI RAMAKRISHNA (al doctor) — Un monje debe renunciar a la lujuria y la codicia. No debe mirar ni siquiera el retrato de una mujer. ¿Sabes cómo son las mujeres? Como el encurtido de tamarindo: con solo pensar en él, se te hace agua la boca. No hay que poner el encurtido de tamarindo a la vista.
«Pero esto no es para ustedes, es para el monje. Ustedes, en la medida de lo posible, permanezcan desapegados en el trato con las mujeres. De vez en cuando retírense a la soledad a pensar en Dios. Que allí no haya ninguna de ellas. Cuando lleguen a tener fe y devoción a Dios, podrán permanecer bastante desapegados. Cuando tengan uno o dos hijos, vivan, marido y mujer, como hermano y hermana, y rueguen siempre a Dios que la mente no se vaya tras el placer de los sentidos y que no tengan más hijos».
GIRISH (sonriendo, al doctor) — Lleva usted aquí tres o cuatro horas; ¿y los pacientes? ¿No va a ir a atenderlos?
EL DOCTOR — ¡Se acabaron la consulta y los pacientes! ¡Desde que apareció este paramahamsa, lo he perdido todo! (Todos ríen).
SRI RAMAKRISHNA — Mira, hay un río que se llama Karmanasha. Sumergirse en ese río es un gran peligro. Se destruye la acción: quien se sumerge ya no puede hacer ninguna obra. (Risas del doctor y de todos).
EL DOCTOR (a M., a Girish y a los demás devotos) — Miren, yo soy de ustedes. Si creen que lo digo por la enfermedad, entonces no; pero si me consideran uno de los suyos, entonces soy de ustedes.
SRI RAMAKRISHNA (al doctor) — Existe la devoción sin motivo. Es muy bueno tenerla. Prahlada tenía devoción sin motivo. Un devoto así dice: «¡Oh Dios! No quiero riqueza, ni honra, ni placer del cuerpo, nada de eso. Concédeme solo que tenga devoción pura a Tus pies de loto».
EL DOCTOR — Sí, he visto que la gente se postra en el templo de Kali; y por dentro solo hay deseos: «Consígueme un empleo, cura mi enfermedad», todo eso.
EL DOCTOR (a Sri Ramakrishna) — Con la enfermedad que tienes, no debes hablar con la gente. Pero cuando yo venga, hablarás solo conmigo. (Risas de todos).
SRI RAMAKRISHNA — Cúrame bien esta enfermedad. No puedo cantar el Nombre y las glorias de Dios.
EL DOCTOR — Basta con que medites.
SRI RAMAKRISHNA — ¡Qué dices! ¿Por qué iba a hacer siempre lo mismo? Yo como pescado preparado de cinco maneras: a veces en caldo, a veces en salsa picante, a veces agrio, a veces frito. A veces practico la adoración, a veces repito el Nombre de Dios, a veces medito, a veces canto Su Nombre y Sus glorias, a veces bailo diciendo Su Nombre.
EL DOCTOR — Yo tampoco hago siempre lo mismo.
¿Hay algún mal en no aceptar la encarnación divina?
SRI RAMAKRISHNA — Tu hijo Amrita no acepta la encarnación divina. ¿Qué hay de malo en eso? Aunque uno crea que Dios no tiene forma, se Lo puede alcanzar. Y aunque uno crea que tiene forma, también se Lo puede alcanzar. Fe en Él y entrega: esas dos cosas hacen falta. El hombre es ignorante; puede equivocarse. ¿Acaso en una vasija de un seer caben cuatro seers de leche? Pero, vayas por el camino que vayas, hay que llamarlo con anhelo ardiente. Él es el morador interno; sin duda alguna oirá ese llamado sincero. Ya vayas con anhelo ardiente por el camino de los que creen en Dios con forma, ya vayas por el de los que creen en Dios sin forma, a Él Lo hallarás.
«Comas el roti, el pan de azúcar cande, derecho o de lado, te sabrá dulce. Tu hijo Amrita es muy bueno».
EL DOCTOR — Es discípulo tuyo.
SRI RAMAKRISHNA (riendo, al doctor) — No tengo a ningún granuja por discípulo. ¡Yo soy el discípulo de todos! Todos son hijos de Dios, todos son siervos de Dios; yo también soy hijo de Dios, yo también soy siervo de Dios.
«El tío Luna es tío de todos». (Alegría y risas de todos los presentes).