Kathamrita

Volumen I, sección XV, capítulo 2I · XV · Cap. 2

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Volumen I · Sección XV

Capítulo 2

Jueves, 22 de octubre de 1885


A propósito del dharma de la era — jnana-yoga y bhakti-yoga

DOCTOR — Con el conocimiento el hombre queda sin habla, se le cierran los ojos y le brotan lágrimas. Entonces hace falta la devoción.

SRI RAMAKRISHNA — El bhakti es mujer, por eso puede llegar hasta las habitaciones interiores de la casa. El jnana solo llega hasta la sala de visitas. (Risas de todos).

DOCTOR — Pero a las habitaciones interiores no se deja entrar a cualquiera. Las prostitutas no pueden entrar. Hace falta conocimiento.

SRI RAMAKRISHNA — Quien no conoce el camino exacto, pero tiene devoción por Dios y desea conocerlo, alcanza a Dios solo por la fuerza de la devoción. Un gran devoto salió para tener el darshan de Jagannath. No sabía qué camino llevaba a Puri; en vez de ir hacia el sur, fue hacia el oeste. Se equivocó de camino, es cierto, pero, con ardiente anhelo, iba preguntando a la gente. Le decían: «Este no es el camino; ve por aquel». Al fin el devoto llegó a Puri y tuvo el darshan de Jagannath. Mira, aunque uno no sepa el camino, siempre hay alguien que se lo indica.

DOCTOR — Pero se había extraviado.

SRI RAMAKRISHNA — Sí, eso puede pasar, pero al final Lo alcanza.

Uno de los presentes preguntó: «¿Dios tiene forma o no tiene forma?»

SRI RAMAKRISHNA — Él tiene forma y también carece de forma. Un sannyasi fue a contemplar a Jagannath. Después de verlo, le asaltó la duda de si Dios tiene forma o no la tiene. Llevaba un bastón en la mano y se puso a comprobar con él si tocaba el cuerpo de Jagannath. Al pasar el bastón de un lado a otro, vio que en una ocasión no tocaba a Jagannath: ¡allí no había ninguna imagen! Luego, al volver a pasar el bastón de un lado a otro, tocó el cuerpo de la imagen. Entonces el sannyasi comprendió que Dios no tiene forma y que, a la vez, la tiene.

«Pero esto es muy difícil de captar. El que no tiene forma, ¿cómo va a tener forma? Esta duda surge en la mente. Y si tiene forma, ¿por qué tantas formas?»

DOCTOR — El que ha hecho las formas tiene forma. Él ha hecho también la mente, por eso carece de forma. Puede serlo todo.

SRI RAMAKRISHNA — Si no se alcanza a Dios, no se comprende todo esto. Ante el aspirante, Él se muestra de muchos modos, en muchas formas. Un hombre tenía una gran tina de tintura. Mucha gente acudía a él para teñir sus telas. Aquel hombre preguntaba: «¿De qué color quieres teñirla?» Uno, por ejemplo, decía: «Quiero teñirla de rojo». Enseguida el hombre sumergía la tela en la tina y decía: «Toma, aquí tienes tu tela teñida de rojo». Otro decía: «Yo la quiero teñida de amarillo». Enseguida el hombre sumergía la tela en la misma tina y decía: «Toma, aquí tienes tu tela amarilla». Si querían teñirla de azul, otra vez la sumergía en la misma tina y repetía: «Toma, aquí tienes tu tela teñida de azul». De este modo, cada cual obtenía su tela teñida del color que quería, siempre de la misma tina. Un hombre estaba presenciando aquella maravilla. El dueño de la tina le preguntó: «Y bien, amigo, ¿de qué color quieres teñir la tuya?» Entonces él respondió: «¡Hermano! ¡Dame el color del que tú te has teñido!» (Risas de todos).

«Uno fue a hacer sus necesidades y vio en un árbol un animal hermoso. Después le dijo a otro: “Hermano, en tal árbol he visto un animal de color rojo”. Aquel hombre le dijo: “Yo también lo he visto, pero ¿por qué iba a ser rojo? Es verde”. Otro dijo: “No, no; ¿por qué iba a ser verde? Es negro”, y así siguieron. Al final, se pelearon. Entonces fueron al pie del árbol y vieron a un hombre sentado. Cuando le preguntaron, él dijo: “Yo vivo al pie de este árbol y conozco muy bien a ese animal. Todo lo que ustedes dicen es verdad: unas veces es rojo, otras verde, otras amarillo, otras azul, y quién sabe cuántos colores más. ¡Y otras veces lo veo sin ningún color!”

»Quien piensa siempre en Dios puede saber cuál es Su naturaleza. Solo esa persona sabe que Dios se muestra en muchas formas, de muchos modos. Él tiene atributos y también carece de ellos. Quien vive al pie del árbol sabe que el camaleón tiene muchos colores y que a veces no tiene ninguno. Los demás solo discuten, pelean y sufren.

»Él tiene forma, Él no tiene forma. ¿Sabes cómo es? Como un océano de Ser-Conocimiento-Bienaventuranza, sin orillas. Por el frío de la devoción, en algunos lugares el agua de ese océano se vuelve hielo, como si el agua se cuajara en forma de hielo; es decir, ante el devoto Él se hace presente y a veces se muestra con forma. Y cuando sale el sol del conocimiento, ese hielo se derrite.»

DOCTOR — Al salir el sol, el hielo se derrite y se hace agua; y, ¿sabe usted?, el agua se vuelve luego vapor sin forma.

SRI RAMAKRISHNA — Es decir, tras el discernimiento «El Absoluto es real, el mundo es irreal», cuando llega el samadhi, las formas y todo eso se esfuman. Entonces ya no se siente a Dios como Persona. Lo que Él es no se puede decir con palabras. ¿Quién lo diría? El que lo dijera ya no existe. Ya no encuentra su «yo». Entonces el Absoluto carece de atributos; entonces solo se Lo conoce por la experiencia interior. No se puede captar a Brahman con la mente ni con el intelecto: es desconocido e incognoscible.

«Por eso se dice: el bhakti es la luna; el jnana, el sol. He oído que en el extremo norte y en el extremo sur hay mares tan fríos que el agua se congela y de vez en cuando forma bloques de hielo. Los barcos no avanzan. Llegan allí y quedan atascados.»

SRI RAMAKRISHNA — Sí, quedan atascados, es cierto, pero no hay daño en ello: el hielo es el agua misma de ese océano de Satchidananda que se ha cuajado. Si quieres razonar aún más, si razonas «Brahman es real, el mundo es irreal», tampoco hay perjuicio. El hielo se derretirá precisamente con el sol del jnana; pero el océano de Satchidananda seguirá estando allí.

El yo inmaduro y el yo maduro — el yo del devoto — el yo del niño

«Al culminar el discernimiento del camino del conocimiento, cuando llega el samadhi, ya no queda ningún “yo” ni nada por el estilo. Pero alcanzar el samadhi es muy difícil. El “yo” no quiere irse de ninguna manera. Y como no quiere irse, hay que volver a este mundo.

»El buey dice “hamba, hamba” (yo, yo), y por eso sufre tanto. Todo el día tiene que tirar del arado, haga calor o llueva. O bien el carnicero lo mata. Ni aun así hay salvación. El curtidor hace cuero con su piel y fabrica zapatos. Por último, de sus tripas se hace una cuerda. Cuando esa cuerda cae en manos del cardador de algodón y dice “tuhu, tuhu” (Tú, Tú), entonces hay salvación.

»Cuando uno dice “naham, naham, naham” (yo no, yo no, yo no): “Yo no soy nadie, ¡oh Dios! Tú eres el hacedor; yo soy el siervo, Tú el Señor”, entonces hay salvación; en ese mismo momento hay liberación.»

DOCTOR — Pero hay que caer en manos del cardador. (Risas de todos).

SRI RAMAKRISHNA — Si de ninguna manera te vas, «yo», ¡quédate, granuja, como «yo siervo»! (Risas de todos).

«Después del samadhi, algunos conservan un “yo”: el “yo siervo”, el “yo del devoto”. Shankaracharya conservó el “yo del conocimiento” para enseñar a los hombres. “Yo siervo”, “yo del conocimiento”, “yo del devoto”: esto se llama el “yo maduro”. ¿Sabes qué es el yo inmaduro? “Yo soy el hacedor, soy hijo de tan gran hombre, soy erudito, soy rico, ¡y a mí me hablan así!”: todas estas actitudes. Si alguien roba en una casa y logran atraparlo, primero le quitan todo lo que lleva; luego le dan una buena paliza y después lo entregan a la policía. Dicen: “¡Cómo! ¿No sabe a quién ha robado?”

»Cuando se alcanza a Dios, se adquiere la naturaleza de un niño de cinco años. Están el “yo del niño” y el “yo maduro”. El niño no está sujeto a ningún guna. Está más allá de los tres gunas. No está sujeto a ninguno de los gunas: sattva, rajas, tamas. Mira, el niño no está sujeto a tamas. Hace un momento se peleaba y se pegaba con otro, y al instante le echa el brazo al cuello al mismo con quien se peleó: ¡cuánto cariño, cuánto juego! Tampoco está sujeto a rajas. Arma una casita de juego con tantos preparativos y, al poco rato, lo deja todo tirado y sale corriendo hacia su madre. Quizá anda paseándose con un hermoso paño. Al rato el paño se le cae. O se olvida por completo del paño, ¡o anda con él bajo el brazo! (Risas).

»Si le dices al niño: “¡Qué bonito paño! ¿De quién es, hijo?”, él responde: “Es mi paño, me lo ha dado mi padre”. Si le dices: “Qué buen niño, dame el paño”, él responde: “No, es mi paño, me lo ha dado mi padre; no, no te lo daré”. Pero si luego lo engatusas dándole una muñeca o una flauta, te dará el paño de cinco rupias y se marchará. Y además, el niño de cinco años no tiene apego ni siquiera a sattva. Les tiene mucho cariño a los compañeros de juego de su barrio, no puede estar sin verlos ni un instante. Pero cuando se va con su padre y su madre a otro sitio, tiene nuevos compañeros de juego. Entonces vuelca todo su cariño en ellos; de los antiguos compañeros se olvida del todo. Además, no tiene orgullo de casta. Su madre le ha dicho: “Ese es tu hermano mayor”, y él está completamente seguro de que es de veras su hermano. Si uno es hijo de brahmín y otro hijo de herrero, comerán el arroz del mismo plato. Para él ya no hay puro ni impuro: ¡comerá con el trasero sin lavar! Y tampoco tiene vergüenza ante la gente: después de limpiarse, le dice a cualquiera, dándole la espalda: “¡A ver, mira si ya estoy limpio o no!”

»Y está también “el yo del viejo”. (Risa del doctor). El viejo tiene muchos lazos: casta, orgullo, vergüenza, aversión, miedo, mentalidad mundana, astucia calculadora, hipocresía. Si guarda rencor contra alguien, no se le quita fácilmente; quizá no se le quite mientras viva. Luego está el orgullo de la erudición, el orgullo de la riqueza. “El yo del viejo” es el yo inmaduro.»

A quiénes no les llega el conocimiento

SRI RAMAKRISHNA (al doctor) — A unos cuantos no les llega el conocimiento. A quien tiene orgullo de su saber, a quien tiene orgullo de su erudición, a quien tiene orgullo de su riqueza, no le llega el conocimiento. Esa gente, si se le dice: «En tal lugar hay un buen santo, ¿vas a verlo?», enseguida pone toda clase de excusas y dice: «No iré». Y piensa para sí: «Yo, un hombre tan grande, ¿voy a ir?»

Los tres gunas — la realización de Dios por sattva — medios para dominar los sentidos

«La naturaleza de tamas es el orgullo. El orgullo es ignorancia y nace de tamas.

»En los Puranas se dice que Ravana tenía rajas, Kumbhakarna tamas, Vibhishana sattva. Por eso Vibhishana alcanzó a Ramachandra. Otro signo de tamas es la ira. Con la ira se pierde el sentido de lo que está bien y lo que está mal: Hanuman incendió Lanka y no cayó en la cuenta de que la cabaña de Sita quedaría destruida.

»Y otro signo más de tamas es la lujuria. Girindra Ghosh, de Pathurghata, dijo: “Estos enemigos, la lujuria, la ira y los demás, no se van a ir; cámbiales el rumbo”. Desea a Dios. Ten contacto sensual con Satchidananda. Si no puedes contener la ira, recurre al tamas del bhakti. “¡Cómo! ¿He pronunciado el nombre de Durga y no seré salvado? ¿Qué pecado tengo yo? ¿Qué atadura?” Después, ten codicia de alcanzar a Dios. Quédate embelesado por la forma de Dios. “Soy siervo de Dios, soy hijo de Dios”: si hay que tener orgullo, ten este orgullo. Así hay que reorientar a los seis enemigos.»

DOCTOR — Dominar los sentidos es muy difícil. A un caballo se le ponen anteojeras a ambos lados de los ojos. A algunos caballos hay que taparles los ojos del todo.

SRI RAMAKRISHNA — Si Él te concede Su gracia una sola vez, si una vez se alcanza la visión de Dios, si una vez se tiene la visión directa del Atman, entonces ya no hay ningún temor: entonces los seis enemigos ya no podrán hacer nada.

«A los grandes santos, perfectos desde siempre, como Narada y Prahlada, no hace falta ponerles con tanto rigor anteojeras a ambos lados de los ojos. El niño que va por el lindero del campo agarrado de la mano de su padre puede descuidarse, soltar la mano del padre y caer en la zanja. Pero el niño cuya mano sostiene el padre nunca cae en la zanja.»

DOCTOR — Pero no es bueno que el padre tome la mano del hijo.

SRI RAMAKRISHNA — No es así. Los grandes santos tienen naturaleza de niño. Ante Dios son siempre niños; no les queda orgullo. Todo su poder es el poder de Dios, el poder del padre; nada es suyo. Esta es su firme convicción.

DOCTOR — Si antes no se le ponen anteojeras a ambos lados de los ojos al caballo, ¿acaso quiere avanzar? Si no se dominan las pasiones, ¿se puede alcanzar a Dios?

El camino del discernimiento y el camino de la dicha — jnana-yoga y bhakti-yoga

SRI RAMAKRISHNA — Lo que tú dices se llama el camino del discernimiento, el jnana-yoga. Por ese camino también se alcanza a Dios. Los jnanis dicen: primero hace falta la purificación de la conciencia. Primero se necesitan disciplinas espirituales; después vendrá el conocimiento.

«Por el camino de la devoción también se Lo alcanza. Si una vez se siente devoción por los pies de loto de Dios, si a uno le gusta cantar Su nombre y Sus glorias, ya no hay que esforzarse para dominar los sentidos. Los enemigos se someten por sí solos.

»Si a alguien se le muere un hijo, ese día ¿puede acaso pelearse con la gente o aceptar una invitación a comer? ¿Puede andar presumiendo ante la gente o gozar de los placeres?

»Si la polilla ve una vez la luz, ¿acaso se queda ya en la oscuridad?»

DOCTOR (sonriendo) — Que muera quemada; eso también lo acepto.

SRI RAMAKRISHNA — ¡No, hombre! Pero el devoto no muere quemado como la polilla. ¡La luz hacia la que corre el devoto es la luz de una gema! La luz de la gema es muy brillante, es cierto, pero es suave y fresca. Esta luz no quema el cuerpo; esta luz da paz, da dicha.

El jnana-yoga es muy difícil

«Por el camino del discernimiento, por el camino del jnana-yoga, también se Lo alcanza. Pero este camino es muy difícil. “No soy el cuerpo, ni la mente, ni el intelecto. No tengo enfermedad, ni pena, ni inquietud; soy de naturaleza Satchidananda, estoy más allá del placer y del dolor, no soy esclavo de los sentidos”: decir todo esto de palabra es muy fácil. Ponerlo en práctica, asimilarlo, es muy difícil. Una espina me corta la mano, la sangre corre a chorros, y sin embargo digo: “¿Dónde? La espina no me ha cortado la mano, estoy muy bien”. No está bien decir esto. Primero habrá que quemar esa espina en el fuego del conocimiento.

El conocimiento de los libros o la erudición — el método de enseñanza de Thakur

»Muchos piensan que sin leer libros no hay conocimiento ni sabiduría. Pero oír es mejor que leer, y ver es mejor que oír. Leer sobre Kashi, oír sobre Kashi y contemplar Kashi son cosas muy distintas.

»Y los que juegan al ajedrez no entienden tan bien las jugadas; pero los que no juegan y desde fuera sugieren las jugadas aciertan bastante más que aquellos. La gente de mundo piensa: “Somos muy inteligentes”, pero está apegada a los objetos del mundo. Son ellos quienes juegan. No pueden ver bien sus propias jugadas. Pero los santos renunciantes, que no están apegados a los objetos, son más inteligentes que los hombres de mundo. Ellos no juegan; por eso pueden indicar bien la jugada desde fuera.»

El conocimiento dado por Dios — Sabiduría divina y erudición

DOCTOR (a los devotos) — Si hubiera leído libros, este hombre (Paramahamsadeva) no habría llegado a tener tanto conocimiento. Faraday estaba en comunión con la naturaleza. Faraday contemplaba por sí mismo la naturaleza; por eso pudo descubrir tantas verdades científicas. Si el saber le hubiera venido de leer libros, no habría llegado tan lejos. Las fórmulas matemáticas solo sirven para confundir el cerebro: ponen grandes obstáculos en el camino de la investigación original.

SRI RAMAKRISHNA (al doctor) — Cuando, tirado en el suelo del Panchavati, llamaba a la Madre, le dije: «Madre, muéstrame lo que los karmis (ritualistas) han obtenido con sus obras, lo que los yogis han visto con el yoga, lo que los jnanis han conocido con el discernimiento». ¡Y cuánto más! ¿Cómo voy a decirlo todo?

«¡Ah! ¡Qué estado aquel! ¡Se me iba el sueño!»

Diciendo esto, Paramahamsadeva se puso a cantar:

«El sueño se ha roto, ¿cómo voy a dormir de nuevo? Despierto estoy en el yoga y en el rito.

Ahora, dándote a ti, Madre, el sueño del yoga, ¡al sueño mismo lo he dormido!»

«Yo no he leído libros ni nada, pero mira, porque nombro a la Madre todos me respetan. Shambhu Mallik me dijo: “Sin escudo ni espada, ¡y todo un Shantiram Singh!”» (Risas de todos).

Se empezó a hablar de la representación de Buddhadeva-charita (la vida de Buda), del señor Girish Chandra Ghosh. Él había invitado al doctor a ver esa representación. El doctor había quedado sumamente contento al verla.

DOCTOR (a Girish) — ¡Eres muy mala persona! ¿Voy a tener que ir al teatro todos los días?

SRI RAMAKRISHNA (a M.) — ¿Qué está diciendo? No lo entiendo.

M. — Le ha gustado mucho el teatro.