Kathamrita

Volumen I, sección XV, capítulo 1I · XV · Cap. 1

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Volumen I · Sección XV

Capítulo 1

Jueves, 22 de octubre de 1885


A propósito de la vida de familia

Es el decimocuarto día de la quincena luminosa de Ashvin. Ya han transcurrido los tres días —el séptimo, el octavo y el noveno— de la gran fiesta de adoración de Mahamaya1. El décimo día es el día de Vijaya; con tal motivo, ya se han dado unos a otros los abrazos de amor. Sri Ramakrishna vive con sus devotos en ese barrio de Calcuta llamado Shyampukur. Padece una enfermedad grave: cáncer de garganta. Cuando estaba en casa de Balaram, el médico ayurvédico Gangaprasad había venido a verlo. Thakur le había preguntado si esta enfermedad era curable o incurable. El médico no respondió a la pregunta; guardó silencio. Los médicos ingleses también habían insinuado que la enfermedad era incurable. Ahora lo trata el doctor Sarkar.

En una casa de dos pisos de Shyampukur, Sri Ramakrishna está sentado en el lecho que le han preparado en la habitación del piso superior. El doctor Sarkar, Sri Ishan Chandra Mukhopadhyay y los devotos están sentados frente a él y a su alrededor. Ishan es muy generoso: aun viviendo de su pensión, hace caridad; da incluso a costa de endeudarse y vive siempre pensando en Dios. Al enterarse de la enfermedad, ha venido a verlo. El doctor Sarkar, que viene a tratarlo, se queda seis o siete horas cada vez; siente una enorme devoción y un gran respeto por Sri Ramakrishna y trata a los devotos como a parientes muy cercanos.

Son casi las siete de la noche. Afuera hay luz de luna: la luna llena, el señor de la noche, parece haber derramado néctar por todas partes. Adentro, las lámparas iluminan la habitación, que está llena de gente. Muchos han venido a contemplar al gran santo. Todos lo miran fijamente, deseosos de escuchar lo que dice y de ver lo que hace. Al ver a Ishan, Thakur Sri Ramakrishna le dice:

El hombre de familia desapegado: el modo de llegar a ser desapegado

SRI RAMAKRISHNA (a Ishan) — «El hombre de familia que vive en el mundo conservando la devoción a los pies de loto de Dios, ¡ese es bienaventurado, ese es un héroe! Es como alguien que lleva en la cabeza una carga de dos maunds y ve pasar al novio: con la carga en la cabeza, aun así ve al novio. Sin mucha fuerza no se puede. Es como el pez de barro, que vive en el barro y no tiene en el cuerpo ni una pizca de barro. El cormorán se zambulle siempre en el agua, pero basta con que sacuda las alas una vez para que no le quede agua encima.

»Pero para vivir en el mundo con desapego hace falta practicar algo de disciplina espiritual. Es necesario pasar un tiempo en soledad, ya sea un año, seis meses, tres meses o un mes. En esa soledad hay que meditar en Dios. Hay que rogarle siempre, con anhelo ardiente, que nos dé devoción. Y hay que decirse para adentro: 'No tengo a nadie en este mundo; aquellos a quienes llamo míos lo son solo por dos días. Dios es el único que es verdaderamente mío, Él es mi todo; ¡ay!, ¿cómo llegaré a Él?'

»Después de alcanzar la devoción se puede vivir en el mundo. Es como cuando te untas aceite en las manos y partes una yaca: la goma ya no se te pega a las manos. El mundo es como el agua, y la mente del hombre, como la leche. Si pones la leche en el agua, la leche y el agua se vuelven una sola cosa. Por eso hay que dejar que la leche cuaje en un lugar solitario. Una vez cuajada, se saca la mantequilla. Si después de sacarla la pones en el agua, ya no se mezclará: flotará desapegada.

»Los miembros del Brahmo Samaj me dijeron: '¡Señor! Somos como el rey Janaka. Viviremos en el mundo desapegados, como él'. Yo les dije: 'Vivir en el mundo con desapego es muy difícil. No basta con decirlo para ser el rey Janaka. ¡Cuántas austeridades practicó el rey Janaka con la cabeza abajo y los pies arriba! Ustedes no tendrán que ponerse cabeza abajo, con los pies arriba, pero sí hace falta práctica espiritual. Hace falta vivir en soledad. Solo después de alcanzar en soledad el conocimiento y la devoción se debe ir a vivir al mundo. La leche hay que dejarla cuajar en soledad. Si la mueven y la agitan, no cuaja'.

»Como Janaka era desapegado, se lo llama Videha, es decir, el que no tiene identificación con el cuerpo. Aun viviendo en el mundo, era un liberado en vida. ¡Pero llegar a perder la identificación con el cuerpo es algo muy, muy lejano! ¡Hace falta mucha práctica espiritual!

»Janaka era un gran héroe. Hacía girar dos espadas: una de conocimiento y otra de acción.

El conocimiento de la vida de familia y el conocimiento de la vida de renuncia

»Si preguntas si hay diferencia entre el sabio que lleva una vida de familia y el sabio sannyasin, la respuesta es que ambos son una misma cosa. Este es sabio y aquel es sabio: una sola cosa. Aunque el sabio que vive en el mundo también tiene sus temores. Quien vive en medio de la lujuria y la codicia siempre tiene algo de temor. Si vives en una habitación llena de hollín, por muy listo que seas, alguna manchita negra se te pegará al cuerpo.

»Si después de sacar la mantequilla la pones en una vasija de barro nueva, no hay posibilidad de que se eche a perder. Si la pones en una vasija de suero de mantequilla, queda la duda. (Risas de todos)

»Cuando se tuesta el arroz reventado, dos o cuatro granos saltan fuera de la cazuela haciendo pop, pop. Son como flores de jazmín, sin una mancha en el cuerpo. El arroz reventado que queda en la cazuela también es bueno, pero no tan blanco como las flores: tiene una pequeña mancha en el cuerpo. El sannyasin que ha renunciado al mundo, si alcanza el conocimiento, queda exactamente así, sin mancha, como el jazmín. Y el que, tras alcanzar el conocimiento, permanece en el mundo, en la cazuela, puede tener una manchita rojiza en el cuerpo. (Risas de todos)

»A la corte del rey Janaka vino una bhairavi2. Al ver a una mujer, el rey Janaka agachó la cabeza y bajó los ojos. Al verlo, la asceta dijo: '¡Oh Janaka, todavía tienes miedo al ver a una mujer!' Cuando el conocimiento es perfecto, se tiene la naturaleza de un niño de cinco años; entonces ya no queda la distinción entre mujer y hombre.

»En fin, aunque el sabio que vive en el mundo pueda tener manchas en el cuerpo, esas manchas no le causan ningún daño. La luna tiene su mancha, es cierto, pero eso no le impide dar luz.

La acción tras el conocimiento: para el bien del mundo

»Algunos, después de alcanzar el conocimiento, obran para enseñar a la gente, como Janaka, Narada y otros. Para enseñar a la gente hace falta tener poder. Los rishis estaban ocupados en alcanzar el conocimiento para sí mismos. Maestros espirituales como Narada iban de un lugar a otro por el bien de la gente. Ellos eran héroes.

»Cuando un tronco podrido va flotando, basta con que se pose un pájaro para que se hunda; pero cuando flota un tronco recio, hasta las vacas, los hombres y aun los elefantes pueden ir encima de él. El barco de vapor llega a la otra orilla y además lleva a muchos hombres.

»Maestros espirituales como Narada son como el tronco recio, como el barco de vapor.

»Hay quien, después de comer, se limpia la boca con la toalla y se queda sentado, no sea que alguien se entere. (Risas de todos) Y hay quienes, si consiguen un mango, lo cortan y dan un poquito a todos, y también comen ellos.

»Maestros espirituales como Narada, por el bien de todos, aun después de alcanzar el conocimiento conservaron la devoción.»

Notas


  1. Durga Puja (adoración de Durga).↩︎

  2. Asceta tántrica femenina.↩︎