Kathamrita

Volumen I, sección XIII, capítulo 9I · XIII · Cap. 9

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Volumen I · Sección XIII

Capítulo 9

Domingo, 26 de octubre de 1884


En el corazón del servidor

Antes del anochecer, M. camina y piensa: «“La voluntad de Rama”: ¡qué buena expresión! Con ella se acaban todas esas disputas entre la predestinación y el libre albedrío, entre la libertad y la necesidad. Unos bandidos me atraparon “por la voluntad de Rama”; fumo tabaco “por la voluntad de Rama”; cometo un robo “por la voluntad de Rama”. La policía me detuvo “por la voluntad de Rama”; me he hecho sadhu “por la voluntad de Rama”. Y rezo: “Oh Señor, no me des malos pensamientos, no hagas que yo cometa un robo”; eso también es “la voluntad de Rama”. Él da tanto los buenos deseos como los malos. Pero queda una pregunta: ¿por qué habría de dar Él malos deseos? ¿Por qué habría de dar el deseo de robar? A eso responde Thakur: así como entre los animales Él ha creado el tigre, el león y la serpiente, y entre los árboles ha creado también el árbol venenoso, así ha creado también entre los hombres al ladrón y al bandido. ¿Por qué lo ha hecho? ¿Quién puede decir por qué lo ha hecho? ¿Quién podrá comprender a Dios?

»“Pero si Él lo ha hecho todo, entonces el sentido de responsabilidad desaparece”. ¿Por qué habría de desaparecer? Mientras no se conoce a Dios, mientras no se Lo ha visto, eso de «la voluntad de Rama» no se sentirá plenamente, al cien por ciento. Sin haberLo alcanzado, a veces se siente, y luego se vuelve a olvidar. Mientras no haya fe plena, el sentido del pecado y del mérito, el sentido de responsabilidad, estará siempre ahí, sin falta. Thakur explicó qué es «la voluntad de Rama». No basta con decir «la voluntad de Rama» de labios para afuera, como un loro. Mientras no se conozca a Dios, mientras mi voluntad no sea una con la Suya, mientras no se sienta con certeza «yo soy el instrumento», Él mantiene el sentido del pecado y del mérito, el sentido de la dicha y del dolor, el sentido de lo puro y de lo impuro, el sentido del bien y del mal; mantiene el sentido de responsabilidad. Si no, ¿cómo marcharía el mundo de Su maya?

»Cuanto más pienso en la devoción de Thakur, más me asombro. Keshab Sen pronuncia el nombre de Hari, piensa en Dios, e inmediatamente Thakur corre a verlo, e inmediatamente Keshab se vuelve uno de los suyos. Entonces ya no escucha lo que dice el Capitán. Que Keshab fue a Inglaterra, que comió con los europeos, que casó a su hija con alguien de otra casta: ¡todo eso se lo llevó la corriente! «Yo como la azufaifa; ¿qué me importan las espinas?». Por el vínculo de la devoción, los que creen en un Dios con forma y los que creen en un Dios sin forma se hacen uno; hindúes, musulmanes y cristianos se hacen uno; las cuatro castas se hacen una. ¡Que triunfe la devoción! ¡Bendito seas, Sri Ramakrishna! ¡Tuya es la victoria! Has hecho que esta actitud universal de la religión eterna cobre vida de nuevo. ¡Quizá por eso es tan grande tu atractivo! ¡Abrazas a los fieles de todas las religiones como a parientes muy queridos, sin distinción! Tu única piedra de toque es la devoción. Solo miras si en su interior hay amor y devoción hacia Dios. Si los hay, ese hombre es al instante tu pariente más querido: si ves devoción en un hindú, al punto es tu pariente; si un musulmán tiene devoción hacia Alá, también es de los tuyos; si los cristianos tienen devoción hacia Jesús, también ellos son tus parientes más queridos. Tú dices que todos los ríos, aunque vengan de regiones distintas, desembocan en un mismo océano. Todos tienen por destino un solo océano.

»Thakur no dice que este mundo sea como un sueño. Dice: «Entonces no da el peso completo». No es la doctrina de la ilusión. Es la doctrina del no dualismo calificado. Porque no dice que el alma individual y el universo sean irreales, no dice que sean un error de la mente. Dios es real, y el hombre es real, y el mundo es real. Brahman está calificado por el alma individual y el universo. Si se descartan las semillas y la cáscara, no se obtiene el bel entero.

»He oído que este universo surge en el gran cielo de la Conciencia y que con el tiempo se disuelve de nuevo; que en el gran océano se levantan olas y que con el tiempo se disuelven de nuevo. ¡En las aguas del océano de la dicha, olas infinitas del juego divino! ¿Dónde está el principio de este juego divino? ¿Dónde está su fin? No hay modo de expresarlo con palabras, no hay modo de concebirlo con la mente. ¡Qué pequeño es el hombre! ¡Qué pequeña es su inteligencia! He oído que los grandes santos, absortos en samadhi, han contemplado a ese Ser Supremo eterno, que han conocido al Señor eterno, siempre entregado al juego divino. Seguramente lo han hecho, pues también Thakur Sri Ramakrishna lo dice. Pero no con estos ojos de carne; probablemente con lo que se llama el ojo divino; ese ojo divino que recibió Arjuna y con el que contempló la forma universal, ese ojo con el que los rishis conocieron el Atman, ese ojo divino con el que Jesús veía día y noche a su Padre celestial. ¿Cómo se obtiene ese ojo? De labios de Thakur he oído que se obtiene por el anhelo ardiente. Pero ¿cómo nace ese anhelo ardiente? ¿Hay que renunciar al mundo? Pues hoy tampoco lo dijo».