Kathamrita

Volumen I, sección XIII, capítulo 8I · XIII · Cap. 8

Tamaño 100%

Interlineado 1,60

Volumen I · Sección XIII

Capítulo 8

Domingo, 26 de octubre de 1884


El canto del crepúsculo y la conversación con Ishan

Se acerca el crepúsculo. Thakur pasea de un lado a otro. Al ver a M. sentado a solas, pensativo, se dirige de repente a él y le dice con cariño: «Dame una o dos camisas de algodón basto. No me pongo las camisas de cualquiera. Pensé en decírselo al Capitán, pero dámelas tú». M. se había puesto de pie y respondió: «Como usted ordene».

Anocheció. Se quemó incienso en la habitación de Sri Ramakrishna. Él se inclina reverentemente ante las deidades, repite el bija mantra1 y canta los Nombres divinos. ¡Qué belleza sin par hay fuera de la habitación! Es el séptimo día lunar de la quincena luminosa del mes de Kartik. Bajo los puros rayos de la luna, el recinto del templo sonríe por un lado, y por el otro el pecho del Ganges se estremece apenas, como el pecho de un niño dormido. La marea se acerca a su punto más alto. El sonido del arati se funde con el rumor de la corriente clara y fresca del Ganges, llega muy lejos y allí se pierde. En el recinto del templo se celebra el arati a la vez en tres santuarios: el templo de Kali, el templo de Vishnu y el templo de Shiva. En los doce templos de Shiva se celebra el arati ante cada símbolo de Shiva, uno por uno. El sacerdote pasa de una cámara de Shiva a la siguiente. Lleva la campana en la mano izquierda y la lámpara de cinco mechas en la derecha, y lo acompaña un asistente con el gong en la mano. Mientras se celebra el arati, desde la esquina sudoeste del recinto llega el son dulcísimo del conjunto musical. Allí, en el pabellón de música, suenan las melodías del crepúsculo. Es la fiesta eterna de la Madre Bienaventurada, como si les recordara a todos los seres: «Que nadie esté triste. Las penas y alegrías de este mundo existen siempre; que existan. La Madre del Universo está aquí. ¡Tenemos a nuestra Madre! ¡Alégrense! El hijo de la sirvienta no come bien, no se viste bien, no tiene casa ni hogar, y sin embargo siente fuerza en el pecho, porque tiene una madre. Se apoya en el regazo de su madre. No una madre postiza, sino una madre de verdad. Quién soy yo, de dónde he venido, qué será de mí, adónde iré: todo eso lo sabe la Madre. ¿Para qué preocuparse tanto? Mi Madre lo sabe, mi Madre, la que me formó con cuerpo, mente, vida y ser. Ni siquiera quiero saberlo. Si hace falta que lo sepa, Ella me lo hará saber. ¿Para qué preocuparse tanto? ¡Hijos de la Madre, alégrense todos!».

Se alcanza a Dios por la fe. Thakur instruye a Ishan en el karma-yoga

Fuera, el mundo bañado por la luz de la luna sonríe. Dentro de la habitación, Sri Ramakrishna está sentado, lleno de la dicha del amor a Dios. Ishan ha venido de Calcuta y de nuevo se habla de Dios. Ishan tiene una fe enorme. Dice que, cuando alguien sale de su casa pronunciando una vez el nombre de Durga, Shiva, el portador del tridente, va con él, tridente en mano. ¿Qué hay que temer ante el peligro? Shiva mismo lo protege.

SRI RAMAKRISHNA (a Ishan) — Tú tienes mucha fe; en cambio, nosotros no tanta. (Todos ríen). Por la fe se Le alcanza.

ISHAN — Sí, señor.

SRI RAMAKRISHNA — Repites el nombre, haces la puja diaria, ayunas, practicas purashcharana: haces todas esas obras. Está bien. A quien siente una atracción sincera hacia Dios, Él le hace cumplir todas esas obras. Si puedes seguir haciéndolas sin desear su fruto, seguro que Lo alcanzas.

La devoción de las reglas y la devoción amorosa. ¿Cuándo se abandonan las obras?

«Las escrituras han dicho que se hagan muchas obras, y por eso las hago: a esa devoción se le llama la devoción de las reglas. Hay otra, la devoción amorosa. Esa nace del amor ardiente, nace del amor a Dios, como el de Prahlada. Si llega esa devoción, ya no hacen falta las obras prescritas».

Notas


  1. La letra o sílaba de un mantra en la que se concentra la esencia de Dios.↩︎