Volumen I · Sección XIII
Capítulo 1
Domingo, 26 de octubre de 1884
En Dakshineswar con Manomohan, Mahima y otros devotos
¡Vamos, hermano, vayamos otra vez a recibir su darshan! Veremos a ese gran santo, a ese niño que no conoce nada fuera de la Madre, que ha tomado un cuerpo por nosotros. Él nos dirá cómo resolver este difícil problema de la vida. Se lo dirá al sannyasi, se lo dirá al hombre de familia. ¡La puerta está abierta! En el templo de Kali de Dakshineswar nos está esperando. ¡Vamos, vamos a verlo!
Depósito de infinitas cualidades, de rostro sereno, al oír sus palabras los ojos se desbordan en lágrimas.
¡Vamos, hermano! Hagamos fructífera esta vida humana contemplando a Sri Ramakrishna, océano de misericordia sin motivo, de grata presencia, ebrio día y noche del amor a Dios, de rostro sonriente.
Hoy es domingo, 26 de octubre de 1884; estamos a fines del otoño. Es el séptimo día lunar de la quincena luminosa de Kartik. Es mediodía. Los devotos se han reunido en la conocida habitación de Thakur. Junto a la pared occidental de la habitación hay una veranda en forma de media luna. Al oeste de la veranda, el camino del jardín se extiende de norte a sur. Al oeste del camino está el jardín de flores de la Madre Kali; justo después, el muro de contención, y luego el sagrado Ganges, que fluye hacia el sur.
Muchos devotos están presentes. Hoy es un mercado de dicha. La dicha y el amor a Dios de Thakur Sri Ramakrishna se reflejan en los rostros de los devotos como en un espejo. ¡Qué maravilla! ¿Por qué habría de estar la dicha solo en los rostros de los devotos? Esta dicha resplandece también en el jardín de fuera, en las hojas de los árboles, entre las flores de todas las clases que se han abierto, en el vasto pecho del Ganges, en el cielo azul iluminado por los rayos del sol, en la brisa fresca que trae gotas del agua del Ganges que fluye de los pies de Murari. ¡Qué maravilla! En verdad:
Madhumat parthivam rajah.
El polvo de la tierra está lleno de dulzura.
¡Hasta el polvo del jardín es dulce como la miel! ¡Dan ganas de revolcarse en este polvo, en secreto o con los devotos! Dan ganas de quedarse de pie en un rincón de este jardín y contemplar todo el día estas aguas cautivadoras del Ganges. Dan ganas de saludar con afecto y abrazar con amor, como a parientes, a los árboles, enredaderas y arbustos de este jardín, y a esos árboles de suave y brillante verdor, adornados con hojas y flores. ¿Por este polvo camina Thakur Sri Ramakrishna? ¿Entre estos árboles, enredaderas y arbustos va y viene a todas horas? Dan ganas de quedarse mirando el cielo luminoso, sin fijar la mirada en nada más. ¡Pues veo que la tierra y el cielo entero flotan en la dicha del amor!
¿Por qué los sacerdotes del templo, los porteros y los sirvientes me parecen tan cercanos como parientes muy queridos? ¿Por qué este lugar me resulta tan dulce, como la tierra natal que se visita después de mucho tiempo? El cielo, el Ganges, el templo, el camino del jardín, los árboles, las enredaderas, los arbustos, los servidores, los devotos sentados en sus asientos: todo parece hecho de una misma materia. Siento que todos ellos están hechos de la misma sustancia de la que está hecho Sri Ramakrishna. Es como un jardín de cera: árboles, plantas, frutos, hojas, todo de cera; el camino del jardín, el jardinero, los moradores del jardín, las casas dentro del jardín, todo de cera. ¡Todo aquí está moldeado con dicha!
Estaban presentes Sri Manomohan, el señor Mahimacharan y M. Poco a poco llegaron Ishan, Hriday y Hazra. Además de ellos, había muchos otros devotos. Balaram y Rakhal estaban entonces en la sagrada Vrindavan.
Por esta época van y vienen nuevos devotos: Narayan, Paltu, Naren el menor, Tejchandra, Binod, Haripada. Baburam viene y se queda de vez en cuando. Ram, Suresh, Kedar, Devendra y otros devotos vienen con frecuencia; algunos cada semana, otros cada dos semanas. Latu vive allí. La casa de Yogin está cerca, y él viene casi todos los días. Narendra viene de vez en cuando, y cuando llega es un mercado de dicha. Narendra, con aquella voz suya, rara aun entre los dioses, canta los nombres y las glorias de Dios, y enseguida Thakur entra en diversos estados espirituales y en samadhi. Es como si se desatara una fiesta. Thakur desea mucho que alguno de los muchachos esté con él día y noche, porque son almas puras, no atadas al mundo por el matrimonio ni por los asuntos mundanos. Le pide a Baburam que se quede, y él se queda de vez en cuando. Sri Adhar Sen viene con frecuencia.
Los devotos están sentados en la habitación. Thakur Sri Ramakrishna está de pie, como un niño, absorto en sus pensamientos. Los devotos lo miran.
Lo no manifestado y lo manifestado
SRI RAMAKRISHNA (a Manomohan) — ¡Veo que todo es Rama! Ustedes están ahí sentados, y veo que Rama mismo se ha hecho cada uno de ustedes.
MANOMOHAN — Rama mismo se ha hecho todo; pero, como usted dice, «Apo Narayana»: el agua es Narayana. Sin embargo, hay agua que se puede beber, agua con la que se puede lavar la cara y agua con la que se lavan los utensilios.
SRI RAMAKRISHNA — Sí, pero yo veo que Él es todo. Él se ha hecho los seres vivientes y el universo.
Al decir estas palabras, Thakur se sentó en el catre pequeño.
La firmeza de Sri Ramakrishna en la verdad y el impedimento para acumular
SRI RAMAKRISHNA (a Mahimacharan) — Oye, ¿será que por tener que decir la verdad me ha dado una manía de pureza? Si de pronto digo «no voy a comer», aunque tenga hambre ya no puedo comer. Si digo que fulano tiene que ir a Jhautala con mi jarra de agua, y otro la lleva, tengo que decirle que se regrese. ¿Qué me pasa, hombre? ¿No tiene remedio?
»Y tampoco puedo llevar nada conmigo. Betel, comida: no puedo llevar nada conmigo. Sería acumular, ¿no? No puedo ni llevar tierra en la mano.
En ese momento llegó un hombre y dijo: «Señor, Hriday1 ha venido al jardín de Yadu Mallik; está de pie junto al portón y quiere verlo a usted». Sri Ramakrishna les dijo a los devotos: «Voy a ver a Hriday un momento y vuelvo; ustedes quédense sentados». Dicho esto, se calzó las chinelas negras barnizadas y echó a andar hacia el portón del este. Con él iba solo M. El camino del jardín estaba cubierto de polvo de ladrillo rojo. Thakur caminaba hacia el este por ese camino. Allí estaba de pie el tesorero, que le hizo una reverencia a Thakur. Al sur quedaba el portón del patio, donde estaban sentados unos porteros con barba. A la izquierda quedaba la Kuthi, la sala de estar de los propietarios; antes había allí una factoría de añil, una nilkuthi, y de ahí su nombre. Más adelante había árboles en flor a ambos lados del camino, y no lejos, justo al sur del camino, estaban Gazitala y el ghat con su escalinata, junto al estanque de la Madre Kali. Poco después llegaron a la puerta oriental, con la habitación de los porteros a la izquierda y el altar de tulasi al sur. Al salir del jardín, Thakur vio a Hriday de pie junto al portón, en el jardín de Yadu Mallik.
Notas
Hriday Mukhopadhyay era, por parentesco, sobrino de Thakur. La casa de Hriday está en Sior, cerca de Kamarpukur, la tierra natal de Thakur. Durante casi veinte años había vivido con Thakur, realizando la puja de la Madre Kali en el templo de Dakshineswar y sirviendo a Thakur. Habiendo incurrido en el desagrado de las autoridades del jardín, tenía prohibido entrar en él. La abuela materna de Hriday era tía paterna de Thakur.↩︎