Volumen I · Sección XII
Capítulo 6
Domingo, 19 de octubre de 1884
El orgullo y el juez subalterno
SRI RAMAKRISHNA (al juez subalterno) — A ver, la altivez, el orgullo, ¿nacen del conocimiento o de la ignorancia? El orgullo es propio del tamoguna, nace de la ignorancia. Como este orgullo se interpone como un velo, no se puede ver a Dios. «Cuando el yo muera, se acabará el embrollo». Es en vano enorgullecerse. Ni este cuerpo ni esta opulencia van a durar. Un borracho estaba mirando la imagen de Durga. Al ver los adornos de la imagen, dijo: «Madre, por mucho que te adornes y te arregles, dentro de dos o tres días te arrastrarán y te echarán al Ganges». (Todos ríen). Por eso les digo a todos: seas juez o seas quien seas, todo dura apenas unos días. Por eso hay que renunciar a la altivez y al orgullo.
Brahmo Samaj y la igualdad: las personas tienen naturalezas distintas
»Sattva, rajas y tamas tienen cada uno su naturaleza. Las señales del tamoguna son el orgullo, el sueño, el comer demasiado, la lujuria, la ira. Los rajogunis se enredan en muchas obras; llevan la ropa y los trajes impecables, mantienen la casa limpia y ordenada, tienen el retrato de la reina en la sala de estar; cuando piensan en Dios se ponen ropa de seda y un collar de rudraksha al cuello, con cuentas de oro intercaladas de trecho en trecho. Si alguien viene a ver el templo, lo acompañan y se lo enseñan, y dicen: “Venga por aquí, hay más; hay un piso de piedra blanca, de mármol; hay una sala de columnas con dieciséis vanos”. Y además hacen caridad para que la gente lo vea. El hombre de sattvaguna es muy cortés y apacible; viste lo que sea; gana solo lo necesario para vivir, jamás adula a nadie para obtener riquezas; no repara la casa, no se preocupa por la ropa de sus hijos; no se afana por el honor y el prestigio; piensa en Dios, hace caridad y medita, todo en secreto, sin que la gente se entere; medita dentro del mosquitero, y la gente piensa: “El señor no durmió bien por la noche, por eso duerme hasta tan tarde”. El sattvaguna es el último peldaño de la escalera, y justo después está la azotea. Cuando llega el sattvaguna, la realización de Dios ya no tarda; un poco más, y Lo alcanzarás. (Al juez subalterno) Tú decías que todas las personas son iguales. Mira, ¡cuántas naturalezas distintas hay!
»Hay además muchas otras clases y categorías: el alma eterna, el alma liberada, el alma que busca la liberación, el alma ligada; hay personas de todas las clases. Narada y Shukadeva son almas eternas; son como el barco de vapor, que puede cruzar por sí mismo y, además, llevar consigo a la otra orilla a los animales grandes, hasta al elefante. Las almas eternas son como el administrador de una finca: gobierna una parte y luego se va a gobernar otra. Luego están las almas que buscan la liberación, que ansían librarse de la red del mundo y se esfuerzan con todas sus fuerzas. Entre ellas, una o dos logran escapar de la red; esas son las almas liberadas. Las almas eternas son como los peces avispados: nunca caen en la red.
»Pero las almas ligadas, las personas mundanas, no se dan cuenta. Están metidas en la red y ni siquiera se dan cuenta de que están atrapadas. Si se habla de Dios delante de ellas, se marchan de allí; dicen: “Ya habrá tiempo para el nombre de Dios cuando llegue la hora de morir; ¿para qué ahora?”. Y luego, el hombre mundano, tendido en el lecho de muerte, le dice a su esposa o a sus hijos: “¿Para qué tantas mechas en la lámpara? Pon una sola; si no, se gastará el aceite”. Y se acuerda de su esposa y de sus hijos, llora y dice: “¡Ay! Cuando yo muera, ¿qué será de ellos?”. Y el alma ligada vuelve a hacer justo lo que le hace sufrir tanto: es como el camello, al que le chorrea sangre por la boca mientras come la hierba espinosa y aun así no suelta la hierba espinosa. Se le murió un hijo, está deshecho de dolor, y sin embargo año tras año tendrá otro hijo; se arruinó con la boda de su hija, y sin embargo año tras año tendrá otra hija; dice: “¿Qué le voy a hacer? Así estaba escrito en mi destino”. Si va de peregrinación, no encuentra un momento para pensar en Dios; se le va la vida cargando los bultos de su familia, y en los templos de las deidades anda ocupado en darle a su hijo el agua sagrada y en hacerlo rodar por el suelo en señal de reverencia. El alma ligada se esclaviza para llenar su vientre y el de su familia, y gana dinero con mentiras, engaños y adulaciones. A quienes piensan en Dios y se sumergen en la meditación en Dios, el alma ligada los tacha de locos. (Al juez subalterno) Mira cuántas clases de personas hay; tú decías que todos eran iguales. ¡Qué naturalezas tan distintas! En unos hay más fuerza, en otros menos.
El alma ligada no pronuncia el nombre del Señor en el momento de la muerte
»El alma ligada, apegada al mundo, a la hora de la muerte habla de las cosas del mundo. ¿De qué sirve repetir el nombre de Dios con el rosario, bañarse en el Ganges, ir a los lugares santos, si todo se queda en lo exterior? Si el apego al mundo está dentro, a la hora de la muerte se hace visible. ¡Cuántos disparates dice! Quizá, en su delirio, se pone a gritar: “¡Cúrcuma, cinco especias, hoja de laurel!”. El loro, cuando está tranquilo, dice “Radha y Krishna”; pero cuando lo agarra el gato, le sale su propia voz y chilla: “¡cra, cra!”. En el Gita está dicho que lo que uno piense a la hora de la muerte, eso será en el otro mundo. El rey Bharata abandonó el cuerpo diciendo “ciervo, ciervo”, y por eso nació ciervo. Si uno deja el cuerpo pensando en Dios, alcanza a Dios y ya no tiene que volver a este mundo.
UN DEVOTO BRAHMO — Señor, si alguien pensó en Dios en otros momentos, pero no lo hizo a la hora de la muerte, ¿tendrá que volver otra vez a este mundo de placer y dolor? ¿Por qué? ¿Acaso antes no pensó en Dios?
SRI RAMAKRISHNA — El alma piensa en Dios, pero no tiene fe en Dios, y además se olvida de Él; se apega al mundo. Es como el elefante: lo bañan, y vuelve a cubrirse de polvo y barro. ¡La mente es un elefante enloquecido! Pero si, apenas lo has bañado, logras encerrarlo en el establo, ya no puede cubrirse de polvo y barro. Si el alma piensa en Dios a la hora de la muerte, su mente se vuelve pura, y esa mente ya no tiene oportunidad de volver a apegarse a la lujuria y la codicia.
»No hay fe en Dios, por eso se sufre tanto por las consecuencias de los actos. La gente dice que, mientras te bañas en el Ganges, tus pecados te abandonan y se quedan posados en los árboles de la orilla. Y apenas sales del Ganges y llegas a la orilla, los pecados vuelven a montarse sobre tu cuello. (Todos ríen). Para pensar en Dios a la hora de abandonar el cuerpo, hay que prepararse con tiempo. El medio es la práctica constante. Si te acostumbras a pensar en Dios, hasta en el último día te acordarás de Él.
EL DEVOTO BRAHMO — Han sido palabras excelentes. Palabras bellísimas.
SRI RAMAKRISHNA — ¡Qué cosas tan desordenadas he dicho! Pero ¿sabes cuál es mi estado interior? Yo soy el instrumento, Él es el operador; yo soy la casa, Él es la señora de la casa; yo soy el vehículo, Él es el maquinista; yo soy el carro, Él es el auriga; me muevo como Él me conduce; hago lo que Él me hace hacer.