Kathamrita

Volumen I, sección XI, capítulo 2I · XI · Cap. 2

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Volumen I · Sección XI

Capítulo 2

Miércoles, 25 de junio de 1884


Bhakti-yoga en el Kali Yuga, no karma-yoga

Hacia las cuatro de la tarde, Thakur subió al coche. Su cuerpo era extremadamente delicado y había que cuidarlo con sumo esmero. Por eso le resultaba penoso caminar: casi no podía recorrer ni una corta distancia sin coche. Apenas subió, quedó absorto en bhavasamadhi. Caía una fina llovizna. Era la estación de las lluvias: el cielo estaba nublado y el camino, lleno de barro. Los devotos iban a pie detrás del coche. Vieron que, con motivo de la fiesta del carro, los niños tocaban pitos de hoja de palmera.

El coche llegó frente a la casa. El dueño y sus parientes salieron a la puerta a recibirlo.

Una escalera conducía al piso de arriba, donde estaba la sala de estar. Al subir, Sri Ramakrishna vio que Shashadhar venía a recibirlo. El pandit parecía haber dejado atrás la juventud y entrado en la madurez. Tenía la tez clara y luminosa. Llevaba al cuello un rosario de rudraksha. Con gran humildad y devoción se postró ante Thakur. Luego lo condujo a la sala y lo hizo sentar. Los devotos lo siguieron y tomaron asiento.

Todos ansían sentarse cerca de él y beber el néctar de las palabras que fluyen de su sagrada boca. Están presentes Narendra, Rakhal, Ram, M. y muchos otros devotos. También Hazra ha venido con Sri Ramakrishna desde el templo de Kali de Dakshineswar.

Mientras miraba al pandit, Thakur quedó absorto en éxtasis.

Al cabo de un rato, todavía en ese estado, lo mira con una sonrisa y dice: «¡Bien! ¡Bien!». Luego añade: «Dime, ¿qué clase de conferencias das?».

SHASHADHAR — Señor, yo trato de explicar lo que dicen las escrituras.

SRI RAMAKRISHNA — Para el Kali Yuga, la devoción de Narada. Los ritos de que hablan las escrituras, ¿hay tiempo para ellos? Con las fiebres de hoy no sirve la decocción de las diez raíces medicinales. Si te pones a dar la decocción de las diez raíces, el enfermo se te muere. Hoy día se da la «mezcla para la fiebre». Si les pides que hagan los ritos, dáselos como un pescado sin cabeza ni cola. Yo digo a la gente: “No hace falta que reciten tanto el ‘Apodhanyanyā’ y las demás fórmulas de la sandhya. Les bastará repetir la Gayatri”. Si de veras tienes que hablar de los ritos, puedes hablar de ellos a uno o dos hombres que los practiquen, como Ishan.

El hombre mundano y las conferencias

»Aunque des mil conferencias, no podrás hacer nada con los hombres mundanos. ¿Acaso se puede clavar un clavo en un muro de piedra? La cabeza del clavo se romperá, y el muro quedará como estaba. ¿Qué le hará a un cocodrilo un golpe de espada? La vasija de calabaza amarga del monje va a los cuatro grandes lugares de peregrinación y vuelve, pero sigue tan amarga como antes. Con tus conferencias, los hombres mundanos no logran gran cosa. Pero poco a poco lo irás sabiendo. Un ternero no puede ponerse en pie de golpe. Se cae y se vuelve a levantar; así aprende a pararse y a caminar.

El nuevo amor y el discernimiento — Una vez realizado Dios, se abandona la acción — Yoga y samadhi

»No sabes distinguir quién es devoto y quién mundano. Pero eso no es culpa tuya. Cuando empieza la tormenta, no se sabe cuál es el tamarindo y cuál el mango.

»Sin haber realizado a Dios, nadie puede abandonar de golpe las obras. ¿Hasta cuándo hay que hacer la sandhya y los demás ritos? Hasta que, al oír el nombre de Dios, te broten lágrimas y se te erice el vello. Si con solo decir una vez “Om Rama” te vienen lágrimas a los ojos, ten por seguro que tus karmas han terminado. Ya no tendrás que hacer la sandhya ni otros ritos.

»Cuando aparece el fruto, la flor cae. La devoción es el fruto; el karma, la flor. La nuera de una casa, cuando está encinta, no puede trabajar mucho. La suegra le va reduciendo las tareas día a día. Cuando entra en el décimo mes, la suegra casi no la deja trabajar. Cuando nace el niño, ella no hace más que mecerlo y atenderlo, y ya no tiene que hacer otras labores. La sandhya se disuelve en la Gayatri. La Gayatri se disuelve en el Om. El Om se disuelve en el samadhi. Es como el sonido de una campana: ¡tong... to... a-m! El yogi, atravesando el sonido, se funde en el Brahman Supremo. En el samadhi se disuelven la sandhya y los demás karmas. Así es como el jnani abandona las obras».