Volumen I · Sección X
Capítulo 5
Domingo, 15 de junio de 1884
Con los devotos brahmos
Ahora se están colocando las hojas para la comida en la veranda del sur. Thakur le dice a Mahimacharan:
SRI RAMAKRISHNA (a Mahimacharan) — Vaya usted un momento a ver qué están haciendo todos. A usted no puedo pedírselo, pero ¿no podría ayudar un poquito a servir?
MAHIMACHARAN — Que lo traigan, y luego se verá.
Y, murmurando «¡hum, hum!», se acercó un poco a la galería, pero al cabo de un rato volvió.
Thakur se sentó a comer con los devotos, lleno de suprema dicha. Terminada la comida, volvió al cuarto, donde descansa. Los devotos, después de tomar el sorbo ritual en la escalinata de mampostería del estanque del sur, volvieron a reunirse junto a Thakur mientras mascaban hojas de betel. Todos tomaron asiento. Pasadas las dos de la tarde llegó Pratap, un devoto brahmo. Entró y saludó a Thakur. Thakur conversa con él de muchas cosas.
PRATAP — ¡Señor! He estado en las montañas (en Darjeeling).
SRI RAMAKRISHNA — Pero tu salud no ha mejorado mucho. ¿Qué enfermedad tienes?
PRATAP — Señor, me ha dado la misma enfermedad que tenía él.
Keshab tenía esa enfermedad. Se habló de otras cosas de Keshab. Pratap dijo:
PRATAP — El desapego1 de Keshab se vio desde su niñez. Casi nunca se le veía entregado a la alegría o a la diversión. Cuando estudiaba en el Hindu College, se hizo gran amigo de Satyendra, y por medio de él conoció al señor Debendranath Tagore. Keshab tenía las dos cosas: tenía yoga y tenía devoción. A veces su devoción se desbordaba tanto que de cuando en cuando se desmayaba. Llevar la religión a los hombres de familia fue el propósito principal de su vida.
Renombre y ego: «yo soy el hacedor», «yo soy el guru»; las señales de la visión de Dios
Se habla de una mujer de Maharashtra.
PRATAP — También algunas mujeres de este país han ido a Inglaterra. Una mujer de Maharashtra, muy erudita, estuvo allá. Pero se ha hecho cristiana. ¿Ha oído usted su nombre?
SRI RAMAKRISHNA — No; pero por lo que acabo de oír de tu boca, me parece que ella quiere ser tenida en estima por la gente. Ese tipo de ego no es bueno. «Yo hago»: eso nace de la ignorancia. «Oh Dios, Tú haces»: eso es conocimiento. Dios es el hacedor, y todos los demás no son hacedores.
«Cuánta desgracia trae decir “yo, yo”: lo entenderás si piensas en lo que le pasa al ternero. El ternero dice “ham-ma, ham-ma” (yo, yo). Mira su desdicha. Quizá desde la mañana hasta la noche tenga que tirar del arado, ya sea bajo el sol o bajo la lluvia. Quizá lo degüelle el carnicero. La gente comerá su carne. Su piel se convertirá en cuero. Con ese cuero se fabricarán zapatos y cosas así. La gente caminará pisándolo. Y ni siquiera así termina su desgracia. Con el cuero se hace un tambor, y con las baquetas se lo golpea sin cesar. Y al final, con las tripas se hace la cuerda del arco del cardador; y cuando el cardador la usa, al vibrar dice “tuhu, tuhu” (tú, tú). Ya no dice “ham-ma, ham-ma”. Dice “tuhu, tuhu”, y solo entonces se salva, solo entonces es liberado. Ya no tiene que volver al campo de la acción.
»Así también, cuando el alma encarnada dice: “Oh Dios, yo no soy el hacedor, Tú eres el hacedor; yo soy el instrumento, Tú eres quien lo maneja”, entonces terminan para ella los tormentos del mundo. Entonces el alma encarnada se libera y no tiene que volver a este campo de la acción».
UN DEVOTO — ¿Cómo se libra del ego el alma encarnada?
SRI RAMAKRISHNA — Sin ver a Dios, el ego no se va. Si alguien se ha librado del ego, es seguro que ha visto a Dios.
UN DEVOTO — ¡Señor! ¿Cómo se sabe que alguien ha visto a Dios?
SRI RAMAKRISHNA — Hay señales de la visión de Dios. En el Srimad Bhagavata se dice que quien ha visto a Dios presenta cuatro señales: (1) es como un niño, (2) como un espíritu impuro, (3) como un ser inerte, (4) como un loco.
«Quien ha visto a Dios adquiere la naturaleza de un niño. Está más allá de los tres gunas2: ninguno lo ata. Además, lo puro y lo impuro son para él una misma cosa; por eso es como un espíritu impuro3. Y es también como un loco: “a veces ríe, a veces llora”; ahora se viste y se adorna como un caballero, y poco después anda desnudo, con el dhoti bajo el brazo; por eso es como un loco. Y a veces se queda sentado en silencio, como un ser inerte; por eso es como un ser inerte».
UN DEVOTO — Después de ver a Dios, ¿el ego se va del todo?
SRI RAMAKRISHNA — A veces Él borra el ego por completo, como en el estado de samadhi. Pero casi siempre deja un poco de ego. Sin embargo, ese ego no tiene nada de malo. Es como el ego de un niño. Un niño de cinco años dice «yo, yo», pero no sabe hacerle mal a nadie.
«Al tocar la piedra filosofal, el hierro se vuelve oro. La espada de hierro se vuelve una espada de oro. Conserva la forma de espada, pero no hace mal a nadie. Con una espada de oro no se puede matar ni cortar».