Kathamrita

Volumen I, sección I, capítulo 6I · I · Cap. 6

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Volumen I · Sección I

Capítulo 6

Domingo, 5 de marzo de 1882


sarvabhūtastham ātmānaṃ sarvabhūtāni cātmani |

īkṣate yogayuktātmā sarvatra samadarśanaḥ ||

Quien tiene el ser unido por el yoga contempla el Ser morando en todos los seres, y a todos los seres en el Ser; en todas partes ve con mirada ecuánime.

[Bhagavad Gita 6.29]

Tercera visita

Narendra, Bhavanath, M.

M. se alojaba entonces en Baranagar, en casa de su hermana. Desde que había contemplado a Thakur Sri Ramakrishna, no pensaba en otra cosa. Era como si viera sin cesar aquella figura llena de dicha y oyera sus palabras dulces como el néctar. Se preguntó: «¿Cómo es que este pobre brahmin ha indagado y llegado a conocer estas verdades tan hondas?». Nunca antes había visto a nadie que explicara cosas así con tanta claridad. Día y noche pensaba en cuándo iría a verlo y cuándo volvería a contemplarlo.

Casi sin darse cuenta, llegó el domingo. Hacia las tres o las cuatro de la tarde, en compañía de Nepal Babu, de Baranagar, llegó al jardín de Dakshineswar. Vio que Thakur Sri Ramakrishna estaba sentado sobre la pequeña tarima, en aquella misma habitación que ya conocía. La habitación estaba llena de gente. Era domingo, día libre, y por eso los devotos habían venido a contemplarlo. M. aún no había conversado con nadie, así que tomó asiento a un lado de la reunión. Vio que Thakur hablaba, sonriente, con los devotos.

Thakur miraba a un muchacho de diecinueve años y le hablaba largamente, muy contento. El muchacho se llamaba Narendra1. Estudiaba en la universidad y frecuentaba el Sadharan Brahmo Samaj. Sus palabras estaban llenas de brío y sus ojos brillaban. Tenía aspecto de devoto.

M. dedujo que se hablaba de las personas mundanas, apegadas a los placeres del mundo: esa clase de gente censura a los que no hacen sino repetir «Dios, Dios» y «religión, religión». También se hablaba de cuántos malvados hay en el mundo y de cómo conviene tratar con ellos.

SRI RAMAKRISHNA (a Narendra) — Narendra, ¿tú qué dices? ¡La gente mundana dice tantas cosas! Pero mira: cuando el elefante echa a andar, ¡cuántos animales gritan detrás de él de mil maneras! Pero el elefante ni siquiera vuelve la vista. Si alguien te censura a ti, ¿qué pensarás?

NARENDRA — Pensaré: «Un perro está ladrando».

SRI RAMAKRISHNA (sonriendo) — No, hijo, no llegues a tanto. (Risas de todos.) Dios está en todos los seres. Pero con la gente buena se puede tratar con intimidad; de la mala hay que mantenerse a distancia. Hasta en el tigre mora Dios; pero no por eso se puede abrazar al tigre. (Risas de todos.) Si dices: «Si el tigre es Dios, ¿por qué he de huir?», la respuesta es esta: los que dicen «Huye, ven acá» también son Dios; ¿por qué no escuchar lo que dicen?

»Escucha un cuento. En cierto bosque vivía un sadhu. Tenía muchos discípulos. Un día les enseñó que Narayana está en todos los seres y que, sabiéndolo, debían inclinarse ante todos. Otro día, un discípulo fue al bosque a buscar leña para el rito del fuego. En eso se oyó un grito: “¡Quien esté por aquí, que huya! ¡Viene un elefante loco!”. Todos huyeron, pero el discípulo no huyó. Sabía que el elefante también es Narayana: ¿para qué huir? Y se quedó allí de pie. Se inclinó ante él y empezó a cantarle alabanzas. Mientras tanto, el mahut le gritaba: “¡Huye, huye!”; pero el discípulo ni se movió. Al fin el elefante lo alzó con la trompa, lo lanzó a un lado y siguió su camino. El discípulo quedó tendido, magullado y sin conocimiento.

»Al recibir la noticia, el guru y los otros discípulos lo llevaron en brazos al ashrama y le aplicaron remedios. Pasado un rato, cuando recobró el sentido, alguien le preguntó: “¿Por qué no te fuiste, si oíste que venía el elefante?”. Él contestó: “El maestro me había enseñado que Narayana mismo se ha convertido en todos los seres humanos y los animales. Por eso, al ver que venía el elefante Narayana, no me aparté de allí”. Entonces el guru dijo: “Hijo, es verdad que venía Narayana el elefante; pero, hijo, Narayana el mahut te lo advirtió. Si todo es Narayana, ¿por qué no creíste su palabra? También hay que escuchar las palabras del conductor”. (Risas de todos.)

»En las escrituras está escrito: “Apo Narayanah”, el agua es Dios. Pero cierta agua sirve para el culto de Dios; otra solo sirve para enjuagarse la boca, lavar los cacharros y la ropa, pero no para beber ni para el culto. Así también, santos y no santos, devotos y no devotos: en el corazón de todos mora Narayana. Pero con el que no es santo, con el que no es devoto, con el malvado, no se puede tratar. No se puede tener intimidad. Con algunos apenas se pueden intercambiar unas palabras, y con otros ni siquiera eso. De ellos hay que mantenerse a distancia.

UN DEVOTO — Señor, si un malvado viene a hacernos daño, o nos hace daño, ¿debemos quedarnos callados?

El hombre de familia y el tamas

SRI RAMAKRISHNA — Para vivir entre la gente y defenderse de los malvados, hace falta mostrar un poco de tamas. Pero no hay que hacerle daño a nadie en respuesta, solo porque quiera hacernos daño.

»Un pastor llevaba sus vacas a pastar a un campo. En ese campo había una serpiente terriblemente venenosa. Todos, por miedo a esa serpiente, andaban con mucha cautela. Un día un brahmachari venía por el camino de ese campo. Los pastores llegaron corriendo y le dijeron: “¡Venerable señor! No vaya por ahí. Por allá hay una serpiente venenosísima”. El santo respondió: “Hijos, no importa; no le tengo miedo, conozco un mantra”. Y diciendo esto se fue hacia allá. Los pastores, por miedo, no lo acompañaron. La serpiente, con el capuchón alzado, se lanzó hacia él; pero antes de que llegara, en cuanto el santo recitó un mantra, cayó a sus pies como una lombriz. Él le dijo: “Oye, ¿por qué andas haciendo daño a los demás? Ven, te daré un mantra. Si lo repites, tendrás devoción a Dios, alcanzarás a Dios y no te quedará inclinación a hacer daño”. Y le dio el mantra. La serpiente, al recibirlo, se postró ante su guru y preguntó: “Venerable, dígame, ¿cómo debo hacer mi práctica espiritual?”. El guru dijo: “Repite este mantra y no hagas daño a nadie”. Al marcharse dijo: “Volveré otra vez”.

»Pasaron así algunos días. Los pastores veían que la serpiente ya no venía a morder. Le tiraban terrones y ni así se enfurecía, como si se hubiera vuelto una lombriz. Un día un pastor se le acercó, la agarró de la cola, le dio muchas vueltas en el aire y la estrelló contra el suelo. A la serpiente le brotó sangre de la boca y cayó sin conocimiento. No se movía ni se agitaba. Los pastores pensaron que había muerto y se fueron.

»Muy entrada la noche, la serpiente recobró el sentido. Despacio, con gran dolor, se arrastró hasta su cueva. Tenía el cuerpo molido, sin fuerzas para moverse. Mucho tiempo después, cuando ya estaba en los huesos, salía de noche, de vez en cuando, a buscar comida; de día no salía, por miedo. Desde que había recibido el mantra no hacía daño a nadie. Se sustentaba con tierra, hojas y frutas caídas de los árboles.

»Casi un año después, el brahmachari volvió por ese camino. Apenas llegó, preguntó por la serpiente. Los pastores dijeron: “Esa serpiente murió”. Pero el brahmachari no lo creyó. Sabía que quien ha recibido ese mantra no dejará el cuerpo antes de haber completado su práctica espiritual. Mientras la buscaba por allí, la llamó por su nombre. Ella oyó la voz de su guru, salió de la cueva y se postró con gran devoción. El hombre preguntó: “¿Cómo estás?”. Ella respondió: “Bien, señor”. Volvió a preguntar: “Entonces, ¿por qué te has puesto tan flaca?”. La serpiente dijo: “Venerable, usted me ordenó no hacer daño a nadie; por eso, como solo hojas y frutas. Supongo que por eso me he puesto flaca”. Es que había desarrollado la cualidad de sattva2, y por eso no sentía cólera contra nadie. Se había olvidado por completo de que los pastores habían intentado matarla. El santo dijo: “Solo por no comer no se llega a este estado; seguro que hay otras causas, piénsalo”. La serpiente recordó que los pastores la habían estrellado contra el suelo. Entonces dijo: “Venerable, es verdad, ahora lo recuerdo: un día los pastores me estrellaron contra el suelo. Son ignorantes, no saben en qué estado está mi mente; ¿cómo van a saber que yo no morderé a nadie ni haré daño alguno?”. El santo dijo: “¡Qué vergüenza! ¡Qué tonta eres, no sabes defenderte! Yo te prohibí morder, ¡no sisear! ¿Por qué no los asustaste con tu siseo?”.

»Ante el malvado hay que sisear, hay que asustarlo, no sea que haga daño. Pero no se le debe inyectar veneno, no se le debe hacer daño.

Distintas naturalezas: ¿son iguales todos los hombres?

»En la creación de Dios hay toda clase de animales y de plantas. Entre los animales los hay buenos y malos. Hay fieras crueles como el tigre. Entre los árboles hay algunos cuyo fruto es como néctar, y también hay frutos venenosos. Así también entre los hombres hay buenos y malos; hay santos y quienes no lo son; hay hombres mundanos y hay devotos.

»Las almas son de cuatro clases: las ligadas al mundo, las que buscan la liberación, las liberadas y las eternamente libres.

»Las almas eternamente libres son como Narada y otros. Viven en el mundo para el bien de los demás, para enseñarles.

»El alma ligada al mundo vive apegada a las cosas mundanas y olvidada de Dios; no piensa en Dios en absoluto.

»Las almas que buscan la liberación son las que desean liberarse. Pero entre ellas, unas pueden liberarse y otras no.

»Las almas liberadas son las que no están atadas al mundo por la lujuria y la codicia, como los sadhus y las grandes almas espirituales; aquellas en cuya mente no hay apego a las cosas mundanas y que siempre piensan en los pies de loto de Dios.

»Es como cuando se echa una red en un estanque. Dos o cuatro peces son tan listos que nunca caen en la red: son la imagen de las almas eternamente libres. Pero muchos peces caen en la red. Algunos de ellos tratan de escapar: son la imagen de las almas que buscan la liberación. Pero no todos los peces logran escapar. Dos o cuatro, dando coletazos, se zafan de la red, y entonces los pescadores dicen: “¡Mira, se ha escapado un pez enorme!”. Pero de los que han caído en la red, la mayoría ni puede escapar ni lo intenta. Más bien, con la red en la boca, se meten en el fango del fondo del estanque y se quedan quietos, con la cabeza hundida, pensando: “Ya no hay nada que temer, estamos muy bien”. Pero no saben que el pescador los arrastrará de un tirón hasta la orilla. Estos son la imagen de las almas ligadas al mundo.

Las personas mundanas: las almas ligadas

»Las almas ligadas al mundo están atadas por la lujuria y la codicia, atadas de pies y manos. Y piensan que en esa lujuria y codicia3 del mundo encontrarán la dicha y vivirán sin temor. No saben que eso mismo las llevará a la muerte. Cuando muere un hombre mundano, su familia dice: “Tú te vas, ¿y qué has dejado dispuesto para mí?”. ¡Y tal es la maya que, si la mecha de la lámpara está demasiado alta, el hombre mundano dice: “Se gastará el aceite; baja la mecha”! ¡Y mientras tanto está tendido en su lecho de muerte!

»Los hombres mundanos no piensan en Dios. Si les queda algo de tiempo libre, o se ponen a charlar de cosas sin sentido, o hacen trabajos inútiles. Si les preguntas, dicen: “No puedo quedarme quieto, por eso estoy poniendo una cerca”. O, si ven que el tiempo no pasa, se ponen a jugar a las cartas». (Todos quedan en silencio.)

Notas


  1. Más tarde Swami Vivekananda.↩︎

  2. Serenidad.↩︎

  3. Aquí «lujuria y codicia» traduce la expresión bengalí «কামিনী-কাঞ্চন» (kamini-kanchan), literalmente «mujer y oro»: la fórmula recurrente con que Sri Ramakrishna señalaba los dos grandes obstáculos para la vida espiritual (el apego sensual y el apego al dinero o las posesiones). El propio Ramakrishna ajustaba el ejemplo según su audiencia: a los hombres les hablaba de «mujer y oro», a las mujeres de «hombre y oro», dejando claro que no se trataba de un juicio sobre un género en particular, sino de una misma enseñanza sobre el apego.↩︎