Volumen I · Sección I
Capítulo 2
Marzo de 1882
তব কথামৃতং তপ্তজীবনং, কবিভিরীড়িতং কল্মষাপহম্ ৷
শ্রবণমঙ্গলং শ্রীমদাততং, ভুবি গৃণন্তি যে ভূরিদা জনাঃ ৷৷
Tu néctar de palabras da vida a los abrasados; ensalzado por los sabios, borra el pecado; escucharlo es dicha y bendición, y está lleno de gloria y se extiende por doquier. Quienes en la tierra lo cantan, esos son los más generosos dadores.
[Srimad Bhagavata, Gopigita, Rasa Panchadhyaya]
Primer encuentro
A orillas del Ganges, en Dakshineswar, está el templo de la Madre Kali. Es primavera, el mes de marzo de 1882; han pasado unos días desde la fiesta del natalicio de Thakur. El jueves 23 de febrero —12 de Phalgun, 1288, sexto día lunar de la quincena clara—, Thakur había salido de paseo en vapor con Keshab Sen y Joseph Cook; hoy, domingo, han pasado ya unos días desde entonces. Está por anochecer.
M. llega a la habitación de Sri Ramakrishna. Es su primera visita. Vio una sala llena de gente que bebe, en silencio, el néctar de sus palabras. Thakur está sentado en la cama, mirando al este, y habla de Dios con una sonrisa en el rostro. Los devotos están sentados en el suelo.
¿Cuándo se puede renunciar a la acción?
M. está de pie y mira asombrado. Le pareció ver al propio Shukadeva hablando del Señor, con todos los lugares de peregrinación reunidos allí. O a Sri Chaitanya sentado en la tierra sagrada de Puri con Ramananda, Swarup y otros devotos, cantando el nombre y las glorias de Bhagavan1.
Thakur dice:
SRI RAMAKRISHNA — Cuando con solo pronunciar una vez el nombre de Hari o una vez el nombre de Rama se te eriza el vello y te brotan las lágrimas, entonces ten por seguro que la sandhya2 y los demás ritos diarios ya no son necesarios. Entonces has adquirido el derecho a renunciar a la acción; los karmas caen por sí solos. Entonces basta con repetir solo el nombre de Rama, o el nombre de Hari, o el puro Omkara3.
Y añadió:
SRI RAMAKRISHNA — La sandhya se disuelve en la Gayatri4. Y la Gayatri, a su vez, se disuelve en el Om.
M. ha llegado hasta allí paseando de jardín en jardín por Baranagar con Sidhu5. Hoy es domingo y tiene tiempo libre, por eso ha salido a pasear; un rato antes estaba paseando por el jardín del señor Prasanna Banerjee. Fue entonces cuando Sidhu le dijo:
SIDHU — A orillas del Ganges hay un jardín precioso, ¿quiere usted ir a verlo? Allí vive un paramahamsa.
Al entrar por la puerta principal del jardín, M. y Sidhu fueron directamente a la habitación de Sri Ramakrishna. M. miraba asombrado y pensaba: «¡Ah, qué lugar tan hermoso! ¡Qué persona tan hermosa! ¡Qué palabras tan hermosas! No tengo ganas de moverme de aquí». Al cabo de un rato empezó a decirse: «Déjame ver primero dónde he venido a parar. Después volveré aquí a sentarme».
Apenas M. y Sidhu salieron de la habitación, empezó a sonar la dulce música del arati6. A la vez resonaron el gong, las campanas, el tambor y los címbalos. Desde el extremo sur del jardín empezó a llegar el dulce son del nahabat. Ese sonido, como si flotara sobre el pecho del Ganges, se fue alejando hasta perderse en algún lugar muy lejano. Soplaba la brisa de primavera, suave y cargada del aroma de las flores. La luz de la luna apenas comenzaba a extenderse. ¡Parecía que por todas partes se estaban haciendo los preparativos para el arati de las deidades! M. contempló el arati en los doce templos de Shiva, en el templo de Sri Sri Radhakanta y en el de Sri Sri Bhavatarini, y sintió una dicha inmensa. Sidhu dijo:
SIDHU — Este es el santuario de Rasmani. Aquí se celebra el culto todos los días. Vienen muchos huéspedes y pobres.
Conversando así, regresaron del templo de Bhavatarini, cruzaron el gran patio pavimentado y llegaron de nuevo frente a la habitación de Sri Ramakrishna. Esta vez vieron que la puerta estaba cerrada.
Hacía un momento que se había quemado incienso. M., que había recibido una educación inglesa, no pudo entrar sin más. En el umbral estaba Brinde, la criada. M. le preguntó:
M. — Dime, ¿el hombre santo7 está ahora ahí dentro?
BRINDE — Sí, está dentro de esta habitación.
M. — ¿Cuánto tiempo lleva aquí?
BRINDE — Pues mucho tiempo...
M. — Dime, ¿lee él muchos libros y cosas así?
BRINDE — ¡Ay, hijo, qué libros ni qué nada! ¡Todo lo tiene en la punta de la lengua!
M. había terminado sus estudios recientemente. Al oír que Sri Ramakrishna no leía libros, se asombró todavía más.
M. — Dime, ¿acaso va a hacer ahora sus devociones vespertinas? ¿Podemos entrar en la habitación? ¿Podrías avisarle tú?
BRINDE — Entren, hijos. Entren y siéntense en la habitación.
Entonces entraron y vieron que no había nadie más en la habitación. Sri Ramakrishna estaba sentado solo en la cama. Se había quemado incienso y todas las puertas estaban cerradas. Nada más entrar, M. hizo una reverencia con las manos juntas. Cuando Sri Ramakrishna les indicó que se sentaran, él y Sidhu se sentaron en el suelo. Thakur preguntó:
SRI RAMAKRISHNA — ¿Dónde vives, qué haces, a qué has venido a Baranagar?
Le hizo también otras preguntas por el estilo. M. le dio todos los detalles sobre sí mismo. Pero empezó a notar que Thakur, de vez en cuando, se quedaba como ausente. Más tarde supo que a esto se le llama bhava8.
Es como cuando alguien se ha sentado a pescar con la caña en la mano: cuando el pez se acerca y empieza a morder el cebo y la boya se mueve, esa persona se pone alerta y, con la caña en la mano, fija la mirada y toda su atención en la boya y no habla con nadie. El estado de Thakur es exactamente así. Más tarde M. supo, y vio, que después del anochecer a Thakur le sobrevenía un cambio de estado como este, y que a veces perdía por completo la conciencia del mundo exterior.
M. — Usted va a hacer ahora su adoración vespertina9, así que nos retiramos.
SRI RAMAKRISHNA (en éxtasis) — No... la adoración vespertina... eso no es gran cosa.
Tras unas palabras más, M. hizo una reverencia y se despidió. Thakur dijo:
SRI RAMAKRISHNA — Vuelve otra vez.
Mientras regresaba, M. se puso a pensar: «¿Quién es este ser tan apacible, al que ya tengo deseos de volver a ver? ¿Puede un hombre llegar a ser grande sin leer libros? ¡Qué maravilla, ya quiero volver! Él mismo me ha dicho: “Vuelve otra vez”. Vendré mañana o pasado, por la mañana».
Notas
El Señor amado.↩︎
Ritual diario de adoración en los crepúsculos, prescrito para los nacidos dos veces.↩︎
Om, el símbolo védico del Ser Supremo.↩︎
Antiguo mantra védico que los brahmanes y otros hindúes nacidos dos veces repiten diariamente meditando en el Ser Supremo.↩︎
Siddheswar Majumdar, vecino del norte de Baranagar.↩︎
Ceremonia de ofrenda de luces ante las imágenes sagradas acompañada de himnos.↩︎
Sadhu maharaj.↩︎
Conciencia de Dios, éxtasis.↩︎
Sandhya.↩︎