Volumen II · Sección XXIV
Capítulo 1
Viernes, 24 de abril de 1885
Thakur Sri Ramakrishna con sus íntimos en casa de Balaram
Narendra, M., Yogin, Baburam, Ram, Bhavanath, Balaram, Chuni
Thakur Sri Ramakrishna ha venido hoy a Calcuta. M. llega a la sala de estar de Balaram alrededor de la una de la tarde y ve que Thakur está dormido. Uno o dos devotos descansan cerca de él.
M. se sienta a un lado y contempla aquella figura de niño dormido. Piensa: qué asombroso, este gran santo también yace vencido por el sueño como una persona común. También él ha aceptado la naturaleza del ser humano.
M. toma suavemente un abanico y le hace aire.
Al cabo de un rato, Thakur Sri Ramakrishna despertó. Se incorporó y se sentó desaliñado. M. se postró en tierra, lo saludó y tomó el polvo de sus pies.
Los primeros indicios de la enfermedad de Sri Ramakrishna
SRI RAMAKRISHNA (a M., con cariño) — ¿Estás bien? ¡Quién sabe, hijo! Me ha salido un bulto en la garganta. De madrugada me duele mucho. ¿Con qué se curará, hijo? (Pensativo) — Habían hecho una salsa de mango; comí un poquito de todo. (A M.) — ¿Cómo está tu esposa? El otro día la vi un poco decaída; dale algo fresco de beber, de a poquito.
M. — Sí, señor, ¿agua de coco verde y cosas así?
SRI RAMAKRISHNA — Sí, es bueno beber agua con azúcar cande.
M. — El domingo fui a casa.
SRI RAMAKRISHNA — Has hecho bien. Te resulta más cómodo estar en casa. Están tu padre y todos los demás; no tendrás que ocuparte tanto de las cosas del hogar.
Mientras habla, a Thakur se le empieza a secar la boca. Entonces, como un niño, pregunta (a M.) — Se me está secando la boca. ¿A todos se les está secando la boca?
M. — Yogin Babu, ¿se te está secando la boca?
YOGIN — No; creo que él tiene calor.
Yogin, de Eredaha, es íntimo de Thakur; es un devoto que ha renunciado al mundo.
Thakur está sentado desaliñado. Algunos devotos se ríen.
SRI RAMAKRISHNA — Parece que me he sentado a dar de mamar. (Risas de todos). Bueno, se me seca la boca, ¿qué tal si como una pera o un jamrul?
BABURAM — Mejor voy a traer un jamrul.
SRI RAMAKRISHNA — No hace falta que vayas con este sol.
M. le estaba haciendo aire con el abanico.
SRI RAMAKRISHNA — Déjalo, ya llevas mucho rato...
M. — No, señor, no me cansa.
SRI RAMAKRISHNA (con cariño) — ¿No te cansas?
M. enseña en una escuela cercana.
A la una había tenido un breve descanso de sus tareas de enseñanza y había venido. Ahora se levantó para volver a la escuela y se postró a los pies de Thakur.
SRI RAMAKRISHNA (a M.) — ¿Te vas ya mismo?
UN DEVOTO — Las clases aún no han terminado. Él vino un momento durante la jornada.
SRI RAMAKRISHNA (riendo) — Es como el ama de casa: ha dado a luz a siete u ocho hijos, trabaja día y noche en el hogar y, aun así, de vez en cuando viene a atender a su esposo. (Risas de todos).