Kathamrita

Volumen I, sección XIV, capítulo 5I · XIV · Cap. 5

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Volumen I · Sección XIV

Capítulo 5

Miércoles, 11 de marzo de 1885


El extraordinario éxtasis divino de Sri Ramakrishna en la vía pública

¡Una invitación de Girish! Hay que ir esta misma noche. Son las nueve de la noche y Balaram ha preparado la cena para Thakur. Para que Balaram no se sienta dolido, al salir hacia la casa de Girish, Thakur le dice: «Balaram, envía tú también la comida».

Al bajar del segundo piso, queda absorto en el sentimiento divino. Parece ebrio. Lo acompañan Narayan y M. Detrás van Ram, Chuni y muchos otros. Un devoto pregunta: «¿Quién irá con él?». Thakur responde: «Con una persona basta». Mientras desciende las escaleras, sigue sumido en el éxtasis. Narayan intenta tomarlo de la mano para que no se caiga, pero Thakur manifiesta desagrado. Poco después le dice con gran ternura: «Si me tomas de la mano, la gente pensará que estoy ebrio. Caminaré solo».

Pasan por la intersección de tres caminos de Bosepara. La casa de Girish está a poca distancia. ¿Por qué camina tan de prisa Sri Ramakrishna? Los devotos se quedan atrás. ¡Quién sabe qué extraordinario estado divino se ha apoderado de su corazón! ¿Camina como un loco pensando en Aquel de quien los Vedas dicen que está más allá de la palabra y de la mente? Hace un momento, en casa de Balaram, dijo que ese purusha no está más allá de la palabra y de la mente, sino que puede ser percibido por la mente pura, el intelecto puro y el Atman puro. ¡Quizá en este momento esté contemplando a ese purusha! ¿Acaso está viendo que «Todo lo que es, eres Tú»?

He aquí que llega Narendra. Thakur suele enloquecer repitiendo «Narendra, Narendra». Pero ahora, con Narendra frente a él, guarda silencio. La gente dice: «A esto se le llama bhava». ¿Experimentaba Sri Gauranga este mismo estado?

¿Quién puede comprender este bhava? Thakur ha llegado a la entrada del callejón que lleva a la casa de Girish. Los devotos están con él. Ahora saluda a Narendra.

Le dice: «¿Estás bien, hijo mío? Antes no pude hablarte». Cada una de sus palabras está impregnada de compasión. Aún no ha llegado a la puerta. De pronto se detiene.

Mira a Narendra y exclama: «Una palabra: esto es uno (¿el jiva?) y aquello es otro (¿el universo?)».

¡El jiva y el universo! ¿Estaba viendo todo esto en el éxtasis? Solo él sabe qué contemplaba, mudo de asombro. Pronunció una o dos palabras, como sentencias de los Vedas, como una voz divina; o como si hubiéramos llegado a la orilla del océano infinito y, de pie, mudos de asombro, nos llegaran al oído uno o dos sonidos del anahata, surgidos de aquel oleaje sin fin.