Volumen I · Sección X
Capítulo 3
Domingo, 15 de junio de 1884
Sri Radha-Krishna y el amor de las gopis
Thakur conversa con unos cuantos devotos en la habitación del oeste. En ese cuarto había varias mesas y sillas agrupadas.
Thakur está apoyado en una mesa, medio de pie y medio sentado.
SRI RAMAKRISHNA (a M.) — ¡Ah, qué amor ardiente tenían las gopis! ¡Con solo ver un árbol tamal, quedaban completamente presas de la locura de amor divino! En Radha, el fuego de la separación era tan intenso que las lágrimas de sus ojos se secaban con el ardor de esa llama: apenas brotaban, se volvían vapor y se disipaban. A veces nadie notaba su emoción divina. Cuando un elefante se mete en un gran estanque, nadie lo nota.
M. — Sí, señor. A Sri Gauranga le ocurrió lo mismo. Al ver un bosque, pensaba que era Vrindavan; al ver el mar, pensaba que era el Yamuna...
SRI RAMAKRISHNA — ¡Ah, si alguien tuviera siquiera una gota de ese amor! ¡Qué amor ardiente! ¡Qué amor! ¡No solo dieciséis annas de amor1, sino cinco sikas2 y cinco annas! A esto se le llama locura de amor divino. Lo esencial es esto: hay que amarlo a Él. Hay que anhelarlo con ansia. Y sigas el camino que sigas, creas en Dios con forma o en Dios sin forma, creas o no creas que Dios se encarna en forma humana, basta con que sientas un amor ardiente por Él. Entonces Él mismo te hará saber cómo es.
»Si hay que volverse loco, ¿por qué volverse loco por las cosas del mundo? Si hay que volverse loco, ¡entonces enloquece por Dios!»