Kathamrita

Volumen I, sección I, capítulo 10I · I · Cap. 10

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Volumen I · Sección I

Capítulo 10

Lunes, 6 de marzo de 1882


ত্বমক্ষরং পরমং বেদিতব্যং, ত্বমস্য বিশ্বস্য পরং নিধানম্‌ ৷

ত্বমব্যয়ঃ শাশ্বতধর্মগোপ্তা, সনাতনস্ত্বং, পুরুষো মতো মে ৷৷

Tú eres el Imperecedero, el Ser Supremo que debe ser conocido; Tú eres la suprema morada de este universo. Tú eres el Inmutable, el guardián del dharma eterno; Tú eres el Purusha primordial, así lo creo.

[Bhagavad Gita — 11:18]

En compañía íntima – «¿Quién soy yo?»

Habían dado las cinco. Los devotos se marcharon, cada uno a su casa. Solo quedaron M. y Narendra. Narendra tomó la jarra de agua y fue hacia Hanspukur y Jhautala a lavarse la cara. M. paseaba de un lado a otro por el recinto del templo. Poco después, al pasar junto a la Kuthi, se fue acercando a Hanspukur. Vio que Sri Ramakrishna estaba de pie en la plataforma de la escalinata del lado sur del estanque y que Narendra, con la cara ya lavada, estaba allí de pie con la jarra en la mano. Thakur decía:

Sri Ramakrishna — Mira, ven un poco más seguido. ¡Es que recién estás empezando a venir! Después de conocerse, todos los nuevos vienen a menudo, como... el recién casado. (Narendra y M. ríen). ¿Verdad que vendrás?

Narendra, joven del Brahmo Samaj, dijo entre risas:

Narendra — Sí, lo intentaré.

Todos van por el camino de la Kuthi hacia la habitación de Thakur. Cerca de la Kuthi, Thakur le dice a M.:

Sri Ramakrishna — Mira, los campesinos van al mercado a comprar bueyes; saben distinguir bien los buenos de los malos. Les pasan la mano por debajo de la cola. Hay bueyes que, al tocarles la cola, se echan al suelo; esos no los compran. El buey que, al tocarle la cola, pega un brinco y da respingos, ese es el que prefieren. Narendra es de esa casta de bueyes: ¡por dentro tiene mucho fuego!

Al decir esto, Thakur ríe.

Sri Ramakrishna — Y también hay algunos que son como arroz aplanado remojado: sin firmeza, sin fuerza, todo blandengue.

Llegó el crepúsculo. Thakur pensaba en Dios; le dijo a M.:

Sri Ramakrishna — Ve a conversar con Narendra y luego me dirás qué clase de muchacho es.

Terminó el arati. Pasado un buen rato, M. vio a Narendra en el lado oeste del chandni. Se pusieron a conversar. Narendra dijo que era del Sadharan Brahmo Samaj, que estudiaba en la universidad, y cosas por el estilo.

Se había hecho de noche y M. estaba por despedirse. Pero no lograba irse. Así que dejó a Narendra y se puso a buscar a Thakur Sri Ramakrishna. Sus cantos le habían cautivado el corazón y la mente, y anhelaba volver a oírlo cantar con su sagrada boca. Mientras lo buscaba, vio que en el templo de la Madre Kali ardían luces a ambos lados de la Madre. En el gran natmandir ardía una sola luz, tenue. En el natmandir se mezclaban la luz y la oscuridad.

M. había quedado fuera de sí al oír cantar a Thakur, como una serpiente hechizada. Ahora, con timidez, le preguntó:

M. — ¿Habrá más canto hoy?

Thakur lo pensó y dijo:

Sri Ramakrishna — No, hoy ya no habrá canto.

Al decir esto, de pronto recordó algo y enseguida dijo:

Sri Ramakrishna — Entonces haz una cosa. Yo iré a casa de Balaram, en Calcuta; tú ven también, allí habrá canto.

M. — Como usted mande.

Sri Ramakrishna — ¿Sabes quién es? ¿Balaram Basu?

M. — No, señor.

Sri Ramakrishna — Balaram Basu. Tiene su casa en Bosepara.

M. — Como usted mande, preguntaré.

Sri Ramakrishna (paseando con M. por el natmandir) — Bueno, te voy a preguntar una cosa: ¿qué te parezco yo?

M. guarda silencio. Thakur vuelve a decir:

Sri Ramakrishna — ¿Qué te parece? ¿Cuántos annas1 de conocimiento he alcanzado?

M. — Eso de los annas no lo logro entender; pero jamás he visto en ningún lugar un conocimiento así, ni un amor a Dios, ni una fe, ni un desapego2, ni una amplitud de espíritu como esta.

Thakur Sri Ramakrishna se echó a reír.

Después de esta conversación, M. se postró ante él y se despidió.

Había llegado hasta el portón principal cuando recordó algo y enseguida volvió sobre sus pasos. Otra vez se presentó ante Thakur Sri Ramakrishna en el natmandir.

Thakur pasea solo bajo aquella luz tenue. Solo, sin compañía. ¡Como el rey de las fieras que, en medio del bosque, vaga solo y a su aire! ¡Atmarama3! ¡El león gusta de estar solo, de pasear solo! ¡Sin depender de nadie!

Atónito, M. contempla de nuevo a aquel gran santo.

Sri Ramakrishna (a M.) — ¿Y cómo es que has vuelto?

M. — Señor, parece que es la casa de un hombre rico; quizá no me dejen entrar, por eso estoy pensando en no ir. Vendré aquí y me encontraré con usted.

Sri Ramakrishna — No, querido, ¿por qué? Tú di mi nombre. Di que vas a verlo a él, y alguien te llevará hasta mí.

M. dijo «Como usted mande», se postró de nuevo y se despidió.

Notas


  1. Anna: antigua moneda; dieciséis annas hacen una rupia.↩︎

  2. Vairagya; desapego.↩︎

  3. Atmarama: el que se deleita en el Ser.↩︎